Los López García ahora somos 6

marzo 16, 2015
Pastor Alex López y Evelyn

La paré sobre una silla alta para que viera la ciudad y Evelyn me abrazó. Aixa estaba lista para inmortalizar este momento.

Antes de casarnos siempre hablamos con Aixa sobre tener cuatro hijos. Pero después del segundo, le pusimos una pausa a la fábrica, pero no la cerramos.

Porque mis papás son pastores, desde niño tuve la experiencia de visitar hogares, ver llegar a niños de hogares a la iglesia y de conocer la carencia de muchos que aunque tengan todo lo necesario, les faltan papás.

Fue a través de mi esposa y de mis dos hijos mayores que Dios nos enamoró con la idea de adoptar. Ese proceso mediante el cual los padres no biológicos, deciden recibir como hijo a quien no nació del vientre de la madre, pero si del corazón.

Un día Aixa me preguntó ¿Qué tal si adoptamos una niña? A lo que agregó: los niños también quieren adoptar una hermana. Mi respuesta fue inmediata, me parece. Y así fue como mi familia y yo durante varios meses estuvimos embarazados y en la sala de partos del Consejo Nacional de Adopciones, nos nació nuestra pequeña y vivaracha Darly. Como papás adoptamos a Darly, pero también mis hijos adoptaron a una hermana y compartieron a sus papás, su casa y su vida.

¿Qué tanto desde que soy padre de Darly he comprendido más el amor de Dios? ¡Miles! Su palabra dice: “En amor nos predestinó para ser adoptados como hijos suyos por medio de Jesucristo, según el buen propósito de su voluntad” Efesios 1:4c y 5 NVI.

Todos los discípulos de Jesús fuimos adoptados por Dios. Y no somos llamados hijos adoptivos, somos llamados hijos. Aunque un día no fui hijo, Dios me adoptó y hoy ya no me llama un hijo adoptado, me llama su hijo, porque eso soy. Los hijos que fueron adoptados no son de segunda clase, en las familias todos los hijos son primera clase. No importa cuándo llega un nuevo hijo a la familia de Dios, siempre obtiene los mismos beneficios y las mismas responsabilidades.

Algunos me preguntan ¿Amás más a los tuyos que a Darly? Mi respuesta siempre es: los tres son míos. Desde que decidí en mi corazón que Darly era mía, es mi hija y lo será para siempre. Amo a mis tres hijos con todo. Dios nos ama a todos por igual. Su gracia en el sacrificio de Jesús en la cruz del Calvario está disponible para todo pecador arrepentido. Dios no quiere que nadie se pierda sino que todos vengan al arrepentimiento. Su amor es parejo.

He comprendido el amor de Dios más fuerte que nunca. Le hemos preguntado a Darly ¿Qué hiciste para que te convirtieras en nuestra hija? Ella responde: nada. Pues eso es todo lo que tenés que hacer para ser amada, nada. Te amamos sólo porque sos nuestra hija, decidimos amarte y ni lo bueno o lo malo que hagas modificará nuestro amor. Nosotros hicimos todo por tenerte, vos sólo llegaste. Y es que así es el amor de Dios, él hizo todo por tenernos. Él envió a Jesús a vestirse de carne y huesos para habitar en medio de nosotros, ser tentado en todo pero sin pecado y morir en la cruz en el lugar que nos correspondía a los pecadores para pagar la deuda que teníamos con Dios, por haber quebrantado sus mandamientos y preceptos. ¿Cómo no amar a quien dio todo por nosotros?, ¿Cómo no honrar a quien honró al que no merecía honra?

Darly no es la misma que cuando vino. Al inicio ella vivía prendida de su mamá, no miraba a los ojos a las personas nuevas, no sabía cómo expresar correctamente su frustración y enojo, aún en medio del calor se ponía un sudadero y no sacaba las manos de las mangas, cuando la situación era más estresante para ella, además del sudadero, se ponía su capuchón sobre la cabeza, eso era su refugio. Hoy qué cambio, aún faltan ciertas cosas pero ya casi se ha entregado por completo a la dependencia y confianza total a sus papás y va encaminada a conocer plenamente el amor de Dios. Ya no utiliza el sudadero, ya no manifiesta conductas extrañas ante el stress o ante la incertidumbre como antes. Hasta hace bromas de cómo solía comportarse.

Escucharla orar en las noches es un deleite. Cuando le habla a su Dios y le dice: “Gracias porque nos has dado un lugar refugio…” y ora por nombre por los enfermos que conoce, por los que no tienen comida, por los niños del hogar en donde vivió y por tanto más. Esa confianza en su Padre celestial quebranta el corazón de todo papá, esa es nuestra mejor herencia para ella. Así mismo es cuando un pecador viene a Dios. Viene roto, con ataduras y sin esperanza. Pero qué cambio cuando dejamos que el Espíritu Santo trabaje en nuestras vidas. El antes y después de Cristo es transformador. Dios nos adopta y en la medida que confiamos que él es nuestro todo y nada más fuera de él puede ocupar ese lugar o llenarnos como sólo Él puede hacerlo, somos transformados. Nuestra mentalidad cambia. Lo que antes deseábamos y que era contrario a sus mandamientos ahora se convierte en algo repugnante. Y hacer su voluntad, se convierte en nuestro alimento y en nuestra paz.

Mientras escribo, mis tres hijos están frente a mí, acostados en la cama. Si no fuera por los rasgos físicos diferentes entre Darly y los otros dos, usted creería que son hermanos biológicos porque se comportan como tal. Se aman y también se pelean. La gente en la calle se nos queda viendo porque son hermanos y se tratan como hermanos, pero no se parecen. Y es que el vínculo del amor transciende al color, transciende a todo y es más fuerte que la sangre.

Darly acaba de decir: “Yo estoy alegre, yo estoy emocionada… “¿Por qué está así? Porque en unos momentos saldremos para realizar el mismo recorrido y las mismas firmas que hicimos el día que fuimos por Darly. Ese día íbamos cuatro, pero hoy vamos cinco y seremos seis, porque Evelyn quien tiene 9 años de edad, se convertirá en unos momentos en una López García y para siempre.

Evelyn, el día que te dijimos que seríamos tus papás, yo estaba sentado en una banca, vos parada frente a mí y en medio de mis piernas, mientras yo te abrazaba. Ese día fuiste tan expresiva, tus ojos se llenaron de lágrimas mientras a la vez tenías la sonrisa más grande y los ojos completamente abiertos que jamás olvidaré. Tampoco olvidaré tus palabras: “Entonces me voy hoy con ustedes”. Sé que estos 12 días han sido difíciles para ti porque anhelabas irte con tu familia ya, pero las visitas y la espera terminaron. Algunos dirán que me perdí 9 años de ti, pero realmente gané toda una vida compartida a tu lado. Será un honor ser tu papá, amarte imitando el amor sacrificial de mi Dios, verte crecer junto a tus hermanos, verte crecer en la fe cristiana, verte realizarte como una profesional, amar a Dios quien te creó y te formó con amor y aunque falta mucho, un día con lágrimas en mis ojos te entregaré en el altar de la iglesia, al hombre que será el líder de tu hogar. Pero aunque te vayas, nunca te irás de mi corazón. Siempre serás mi belleza hermosa. Aquella que Dios nos dio para criar y amar en su temor. Los López García ahora somos 6. Los dejo, voy por mi hija…

Mi esposa Aixa también escribió en su blog sobre este acontecimiento, puede leerlo dando clic aquí

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Pastor Alex López

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