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Con lágrimas en sus ojos se sentó frente a mi escritorio. Su nuevo trabajo implicaba ser parte de la escena de crimen. Por primera vez se había expuesto a la muerte y a tantos cadáveres. Su miedo, no era tanto qué le podría pasar a él. Era qué le podría pasar a su familia. Su conclusión: somos como muñecos. Se refería a lo frágiles que somos y que tantas cosas pueden terminar con nuestra vida.

¿Qué somos nosotros? El apóstol Santiago escribió: “Ahora escuchen esto, ustedes que dicen: «Hoy o mañana iremos a tal o cual ciudad, pasaremos allí un año, haremos negocios y ganaremos dinero».¡Y eso que ni siquiera saben qué sucederá mañana! ¿Qué es su vida? Ustedes son como la niebla, que aparece por un momento y luego se desvanece. Más bien, debieran decir: «Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello».” La Biblia en Santiago 4:13-15

Somos como la neblina, que aparece y desaparece. Así es la vida. Esto no debe llevarnos a la desesperanza. Es cierto, todos nacemos con fecha de expiración. El día de nuestra muerte llegará. Pero el saber que moriremos debe llenarnos de humildad para reconocer que existe un Creador, Dios, quien ha preparado un mundo mejor: un nuevo cielo y una nueva tierra en donde habitan la justicia.

El día de nuestra muerte llegará. Pero el saber que moriremos debe llenarnos de humildad para reconocer que existe un Creador, Dios, quien ha preparado un mundo mejor: un nuevo cielo y una nueva tierra en donde habitan la justicia. Clic para tuitear

Con la presencia del Coronavirus en América, la vida ha cambiado. En mi país Guatemala, se suspendieron todas las reuniones públicas de más de 100 personas. Se suspendieron las clases de todos los centros educativos públicos y privados tanto en los colegios como en las universidades. Se cancelaron todas las actividades religiosas durante la Semana Santa. Todos debemos mantener la calma y cooperar al seguir las disposiciones de nuestros gobiernos.

Pero además de cooperar, debemos orar. La oración no es verbalizar nuestros sueños al aire. Es hablar al Dios Todopoderoso quien es, quien siempre ha sido y quien siempre será. Dios quien no fue creado, que es Santo y digno de gloria. Orar es descansar en él.

La oración no es verbalizar nuestros sueños al aire. Es hablar al Dios Todopoderoso quien es, quien siempre ha sido y quien siempre será. Dios quien no fue creado, que es Santo y digno de gloria. Orar es descansar en él. Clic para tuitear

El apóstol Pablo le escribió a Timoteo su hijo en la fe “No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.” La Biblia en Filipenses 4:6-7

El Coronavirus nos recuerda lo frágiles e impotentes que somos todos en esta creación y también lo Todopoderoso que es Dios nuestro Señor. Pero debemos confiar. Jesús antes de ser arrestado y crucificado les dijo a sus discípulos: “Miren que la hora viene, y ya está aquí, en que ustedes serán dispersados, y cada uno se irá a su propia casa y a mí me dejarán solo. Sin embargo, solo no estoy, porque el Padre está conmigo. Yo les he dicho estas cosas para que en mí hallen paz. En este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo.” Juan 6:32-33

Es en Jesús en quien hallamos paz.

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Confiemos en Jesús, aquel que venció al mundo al vivir en medio de la tentación a jamás pecar. Jesús, el justo.

Confiemos en Jesús, aquel que murió en la cruz, para aplacar la ira justa de Dios contra el pecado, reconciliándonos así con el Padre Dios.

Confiemos en Jesús, aquel que, a pesar de haber muerto en la carne, al tercer día Dios lo resucitó y hoy está sentado en el lugar de más alto honor en el cielo. Y su promesa es que regresará, para llevarnos al cielo en donde no hay muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor.

El perdón de Dios en Jesús está al alcance de todo pecador que se arrepiente de sus pecados, los confiesa y se aparta. Para vivir ahora consagrado a la voluntad del Padre, no dando rienda suelta a las pasiones que habitan en nosotros. Usted hoy puede venir a Cristo. Y no sólo tener la certeza de sus pecados perdonados, sino de su nombre escrito en el libro de la Vida.

Ya sea este año o algún día. Seremos la noticia que hemos partido al más allá. Vivamos con la mirada puesta en Jesús, muramos con la mirada puesta en él. Porque somos tan frágiles, pero en Jesús hallamos paz: perdón de pecados, nueva vida, fortaleza en medio de la angustia y promesa de resurrección. Dios bendiga a Guatemala y al mundo entero… Y que nuestra fragilidad e impotencia, nos lleve a alzar los ojos al cielo de donde viene nuestro socorro.

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Fije su mirada en Jesús

febrero 24, 2020

El autor de Hebreos en el capítulo 12 escribió: “Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien, por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Así, pues, consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo.”

Fue en agosto de 1995. Iba a viajar de Dallas a Laredo Texas, después de no ver a mis papás durante 8 meses, pues estudiaba en el Instituto Bíblico Christ For The Nations y nos encontraríamos en ese vuelo.

Tan sólo respirar me dolía mientras corría. Había llegado tarde al aeropuerto, cortesía de un amigo que me dio jalón y que era bastante impuntual. No contábamos con un accidente que había causado tráfico. Tuve que correr con una maleta – que no tenía rodos – desde la entrada del aeropuerto, hasta mi puerta de abordaje.

Cuando llegué, estaban a punto de cerrar la puerta del avión. Hasta respirar me dolía del esfuerzo que había hecho. Cuando entré, mis papás pusieron cara de alivio, ni siquiera dio tiempo a que metieran la maleta en el compartimiento inferior del avión. Y yo, contento no sólo de verlos, sino que también les había pedido Pollo Campero – un famoso pollo frito guatemalteco -, el cual cené esa noche.

¿Qué tan fácil habría sido correr hacia la puerta de abordaje sin esa maleta? Muchísimo… Esa carga no sólo me impidió correr como debía, fue un obstáculo para mi velocidad, sino hasta entre tropezones por andar cargando la maleta.

Lamentablemente, así se corre muchas veces la carrera de la fe. Con maletas y lastres de pecado – envidia, enojo, egoísmo, pasiones sexuales, calumnia y tanto más… –.

Nos preguntamos por qué sentimos que ya no podemos más, hasta respirar nos duele y no son sólo las pruebas que la vida nos lanza, son las pruebas en donde por abrazar el pecado nosotros mismos nos metemos. Pecados que se convierten en cargas que no sólo limitan nuestro correr sino que pueden quebrarnos y sacarnos de la carrera.

¿De qué estorbo o pecado debe despojarse? Corra liviano y fije su mirada en Jesús.

Recuerde tanta oposición que sufrió y no se canse, ni pierda el ánimo ante todo lo que usted enfrentará en esta tierra. Ponga sus ojos en Jesús y sólo en Jesús.

Nuestros ojos son incapaces de enfocarse en dos cosas a la vez. Coloque un dedo frente a su nariz y véalo. Ahora todo atrás, estará desenfocado. Ahora al contrario. Vea lo que está detras de su dedo y todo estará enfocado menos su dedo. Enfocarnos en algo, siempre implica desenfocarnos del resto.

Si fija su mirada en Jesús, automáticamente la estará quitando de todo lo demás. Su enfoque en Cristo, es su desenfoque del mundo. Clic para tuitear

Si fija su mirada en Jesús, automáticamente la estará quitando de todo lo demás. Su enfoque en Cristo, es su desenfoque del mundo.

En esta carrera de la vida, sólo Él es nuestra esperanza. Fije sus ojos en Jesús… despójese de sus pecados, desenfóquese del mundo y viva para honrar a Dios. Porque la meta, el cielo, nos espera a los que tenemos fe. Allá no habrá ni muerte, ni tristeza, ni dolor…

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