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En la publicación anterior, escribí sobre el poder de un celular apagado. Si no la ha leído dé clic aquí. Hoy quiero escribir, sobre el poder de dejar en reposo absoluto las redes sociales.

La creación de las redes sociales no es algo ni bueno, ni malo, sino sólo un medio. Todo depende de que se haga con ellas. Todo de pende de cuánto, de cómo, de por qué las usamos y al final de cuentas, de qué sacamos y qué producen en nosotros.

Todos conocemos este sentir. Entrar a una red social y decir: sólo voy a ver algo, que luego nos lleva a algo, que lleva a algo, que lleva a algo y que lleva a algo que al final de cuentas, se convierte en un todo de mucho tiempo, muchas veces sin sentido, navegando en las redes sociales.

Martin Hilbert, profesor de la universidad de California y quien particularmente está interesado en los efectos de la digitalización y de la algoritmización en la sociedad, dijo lo siguiente en una entrevista reciente echa por la BBC y que me compartió mi amigo Hugo Barillas: “La verdadera fuente de poder de las redes ha sido llevarnos a nuestro narcisismo, enojo, ansiedad, envidia, credulidad y, por cierto, a nuestra lujuria”.

¡Wow! “Nos ha llevado a nuestro Narcisismo”. Ese enamoramiento propio, basado en el ego que alcanza su máximo esplendor en el Trastorno Narcisista de la Personalidad. Investigue un poco y asusta. Un Narcisista es una pesadilla para todo el mundo. Las redes sociales nos impulsan a ello. Somos el centro de atención, de nosotros mismos, todo el tiempo y ante los demás. Hoy todos tenemos una audiencia. No saben con certeza cómo surge este desorden, pero algunos creen que la crítica constante y la felicitación sin logro son unas de muchas posibilidades que producen este problema en los seres humanos. No soy ningún experto, si le llama la atención investigue y comprenda mejor este tema.

Hilbert continúa diciendo “Nos ha llevado al enojo, ansiedad, envidia y credulidad”. Otro ¡Wow! Las redes sociales hacen mucho bien, pero su impacto negativo también es grande. ¿Quién es un mejor ser humano porque es narcisista o porque vive enojado, con ansiedad, experimentando la envidia y la credulidad ante todo lo que se lee y publica?

Y un último ¡Wow! De lo que dice Hilbert “Llevarnos… y, por cierto, a nuestra lujuria”. Ese deseo sexual desordenado e incontrolable. O en otros contextos, esas pasiones cuales sean, desordenadas e incontrolables. Ya no somos amos de nosotros, somos esclavos del pecado.

No pretendo hablar sobre lo bueno y lo malo de las redes sociales. Aunque indudablemente su impacto sí es en gran medida negativo sobre todos, especialmente sobre los jóvenes. Y dentro de los jóvenes, más sobre las mujeres. Lea la entrevista hecha a Martin Hilbert.

Lo que sí pretendo es demostrar el poder de dejar en reposo absoluto las redes sociales. Yo lo he hecho. No una vez, lo he hecho tres veces. Y es algo, impresionante, cuando se planifica y tiene un propósito bien definido.

Nada me va a pasar si no sé que está pasando en el mundo fuera de mí. Al conectarnos a las redes sociales, es demasiado el estímulo para nuestras mentes. Jamás creo que habíamos saturado tantos nuestros cerebros con datos y más datos, fotos y más fotos, videos y más videos. E indudablemente, la mayoría de publicaciones son sobre yo soy muy bueno y esta es una vida increíble. Lo cual muchas veces es tan alejado de la realidad y las publicaciones pintan un Jardín del Edén, cuando realmente se vive en un infierno.

¿Qué he hecho las tres veces que me he salido por completo de las redes sociales? Primero, lo hice es porque me sentía aturdido y necesitaba centrarme. Y es que, para enfocarnos debemos desenfocarnos.

Si usted coloca su dedo frente a sus ojos – vamos hágalo – se va a dar cuenta que o enfoca su visión en el dedo o en lo que está detrás del dedo. Pero no puede ver con la misma definición ambas cosas. En una o en otra alternativa de visión, ya sea el dedo o el fondo, se verán borrosos. Jamás los dos bien enfocados.

Yo necesitaba paz. No de algo malo. Paz para vivir, para disfrutar mi hoy, para enfocarme en mi familia, para trabajar sin interrupciones, para leer sobre lo que me apasiona, para aprender algo nuevo, para escribir, para sentirme relajado, para disfrutar mi lugar, para ser yo sabiendo que no soy nada y que el día en que me muera, ni el mundo de todos mis amigos se va a paralizar. Y me llorarán, pero tal vez ni llegarán ni a mi funeral, mucho menos al entierro.

Yo necesitaba paz. No de algo malo. Paz para vivir, para disfrutar mi hoy, para enfocarme en mi familia, para trabajar sin interrupciones, para leer sobre lo que me apasiona, para aprender algo nuevo, para escribir... Clic para tuitear

La primera vez que me salí por seis meses de las redes sociales, lo anuncié. Dije del 20 de febrero al 27 de agosto – fecha de mi cumpleaños – del 2013, no voy a estar presente ni en mis redes sociales, ni escribiendo en mi blog. En ese entonces sólo tenía un poco más de 3,000 suscriptores a mi blog, hoy son más de 158,000.

Algunos pensaron que tenía algún problema personal. Otros se asustaron y dijeron a saber ni qué pasó. ¿Por qué tanta sorpresa? Porque pareciera que no podemos vivir sin las redes sociales, que salir de ellas es dejar de vivir, cuando generalmente es lo contrario, es comenzar a vivir. Han sido de los mejores 6 meses de mi vida.

¿Qué hice para salirme de las redes sociales? Pues desinstalé todos mis Apps. Puse en mi teléfono como App prioritario dos cosas. Mi Biblia y un RSS Reader en donde hasta el día de hoy, leo todos los blogs a donde estoy suscrito y que divido por categorías: finanzas, coaching, pastores, pensadores, noticias del mundo, noticias cristianas, entre otros.

Además, mi Kindle – mi lector digital de Amazon – se convirtió en mi segundo mejor amigo después de mis perritas. Leí no sé cuántos libros. Pero no por leer, sino lentamente, sin prisa. Leí además de la Biblia todos los días no poco, sino varios capítulos por día. Verdaderamente algo maravilloso.

¿Sabe? El mundo no se cayó. Al contrario, me sentí tranquilo y en paz. No quiere decir que hoy vivo de muerte por las redes sociales. No, pero cuando ingreso, veo 10 publicaciones y me salgo. Aunque a veces, las 10 se convierten en mucho más que 10. Pero hay un poder y un dominio tan alto sobre uno mismo, cuando se despierta uno para vivir la vida sin ver hacia afuera. Sin ve qué pasa con otros para dedicarme a lo que pasa dentro de mi yo y con los más cercanos con quienes me relaciono.

Porque lo primero que suelen hacer todos los seres humanos al despertarse, es tomar el teléfono y revisar las redes sociales. Hay una libertad en despertar para no ver nada hacia afuera, para no tener la mirada en otros, sino en nosotros.

Lo primero que suelen hacer todos los seres humanos al despertarse, es tomar el teléfono y revisar las redes sociales. Hay una libertad en despertar para no ver nada hacia afuera, para no tener la mirada en otros, sino en nosotros. Clic para tuitear

Y es que, cuando constantemente vemos hacia afuera. Como que vivimos en modo de juez, de crítico, no de nosotros sino de otros. Y cuando ya no vemos hacia afuera no nos queda otra más que ver hacia adentro. Y hacia dentro, no todo es bueno. Pero ver lo malo en nosotros, es el principio de nuestra salvación. Dios mostrándonos nuestro pecado.

Todos necesitamos ser transformados. Los cristianos sabemos que pecador engendra a pecador. Que ningún niño de dos años fue a una clase de egoísmo avanzado o de actuación básica, para demostrar ira, odio, sacar la lengua y hacer otros gestos de maldad. No, los traemos en el corazón y eso nos hace, siendo pecadores, necesitar un único Salvador que es Jesucristo. El que nunca pecó y murió en nuestro lugar para reconciliarnos con el Padre.

Todos necesitamos un tiempo de solitud – un tiempo sin compañía de nadie –, más no vivir en solitud. Jesús se retiraba a orar. Ya sea de noche o muy de madrugada y se iba solo. Tiempos de solitud en oración, en la palabra, en introspección para que Dios nos muestre nuestras vigas que tenemos frente a nuestros ojos y que no podemos ver. Esos pecados que tan fácilmente podemos ver en los demás. Pero que somos tan ciegos ante nosotros.

Tal y como enseñó Jesús en la Biblia en Lucas 6:41 y 42 “»¿Por qué te fijas en la astilla que tiene tu hermano en el ojo y no le das importancia a la viga que tienes en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Hermano, déjame sacarte la astilla del ojo”, cuando tú mismo no te das cuenta de la viga en el tuyo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás con claridad para sacar la astilla del ojo de tu hermano.”

Cuando vemos hacia adentro, en oración, en reflexión y en su palabra, vemos nuestra viga. ¿A quién podemos ayudar con su paja si no sacamos primero nuestra viga? Muéstrame esa viga mi Dios, esa debe ser nuestra oración.

Tres veces me he salido de las redes sociales. Las primeras dos fueron de 6 meses cada una. Recuerdo cuándo fue la primera. No recuerdo cuándo fue la segunda, ni la tercera que fue como de 2 ó 3 meses. Pero sí recuerdo la sensación de libertad, de auto control y de paz. Y no por haber dejado las redes sociales nada más, sino porque dejé para hacer. Dejé de ver hacia afuera, para ver hacia adentro y hacia arriba, lo más importante de todo.

Todos necesitamos un tiempo de solitud – un tiempo sin compañía de nadie –, más no vivir en solitud. Jesús se retiraba a orar. Ya sea de noche o muy de madrugada y se iba solo. Clic para tuitear

El poder no estuvo sólo en dejarlas. Estuvo en dejarlas con un propósito específico en mente. Buscar un tiempo sin otros, para verme a mí. Para así, dedicarme con más fuerza a otros, sin tener que estar drenado por ver lo de otros. Dedicarme a los que estarán si hubiera una guerra y nos quedáramos sin electricidad.

Este es el poder de poner en reposo absoluto las redes sociales. Es dejar de ver hacia afuera, para ver hacia adentro. Pidiéndole a Dios gozo y contentamiento en el anonimato. Sabiendo que no quiero ser llevado como dice Martin Hilbert por el río del: “narcisismo, enojo, ansiedad, envidia, credulidad y, por cierto, nuestra lujuria”. Porque ciertamente, soy un pecador arrepentido, necesitado de su gracia y llamado a vivir en santidad en Jesús.

¿Y qué pensamientos rondan por su mente ahora? Un abrazo!

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