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La semana pasada escribí sobre el perdón. Si no leyó esa publicación, antes de leer esta, léala dando clic en: Perdonar no es justo, pero es divinamente ordenado.

Ayer recibí el siguiente correo: “Pastor Alex, una consulta con relación al tema del perdón. Si ya perdoné, ¿Por qué lastima mi corazón, el contarle mi historia a los demás? Claro no es odio como antes, ni tampoco enojo. Pero sí, recordarlo duele”.

Cuando uno perdona, no siente, sino decide perdonar. Clic para tuitear

Pero ¿Qué si le mataran a su papá? Seguro usted puede decidir perdonar y ser libre del enojo, del odio y del rencor. Pero ¿Podrá contar la historia de la muerte de su papá sin lágrimas en sus ojos? Algo bastante complicado. Una pérdida irreparable y por siempre dolorosa. Cada vez con menos dolor, pero siempre dolerá.

Dicen que el tiempo todo lo sana, pero cuando hablamos de la falta de perdón, el tiempo todo lo pudre.

Sólo el perdón sana la herida. Y la fuerza para decidir perdonar, sólo puede venir al entender plenamente nuestra condición de pecadores convictos delante de Dios y lo que Jesús hizo ante El por nosotros en la cruz. El justo murió por los injustos. El justo, tomó el lugar de nosotros los pecadores. Y con su muerte, aplacó la ira de Dios y nos reconcilió con el Padre.

La única medicina contra las ofensas, no es la venganza, no es el tiempo el que nos sanará, sino el perdón motivado por el ejemplo de la gracia de Dios, en Jesucristo. Clic para tuitear

Lo que casi no se nos enseña, es que, aunque perdonemos, en ocasiones, volveremos a pensar en la ofensa y si nos dejamos llevar por los pensamientos, resucitaremos los sentimientos negativos reales, por el abuso cometido contra nosotros. Y nuevamente, podremos volver a esclavizar al ofensor y, además, volver a ser esclavos de la ofensa.

Debemos perdonar completamente, genuinamente, pero, además, constantemente. Esto es Perdonar 2.0, cuando los recuerdos resucitan la ofensa.

Es probable que usted ya haya perdonado. Y luego, con el tiempo, deje que lo que usted perdonó, vuelva a resucitar en su mente y el odio, el rencor, el resentimiento y los deseos de venganza, tomen nuevamente control de usted.

Perdonar es liberar al agresor. Y cuando se libera, ya no se esclaviza. Clic para tuitear

Cuando nos arrepentimos de nuestros pecados, los confesamos a Dios, nos apartamos de una vida de rebelión ante y ponemos nuestra fe en el sacrificio de Jesús, él nos perdona para siempre y borra nuestros pecados. Jamás nos vuelve a señalar por lo perdonado y a eso mismo somos llamados nosotros.

Perdonar 2.0 es cuando los recuerdos dolorosos quieran resucitar la ofensa, el odio y todo lo demás que nos destruye. Recuerde, no puede evitar que un pensamiento llegue a su mente, pero sí dejar que este tome control de la misma. Perdone genuina, completa, pero, por encima de esto, constantemente. Porque sólo así, imitará al Padre Dios, quien lo perdonó, para que, a su vez perdone. Y seguro, tendrá un año, en paz con Dios y en paz con su prójimo.

“Abandonen toda amargura, ira y enojo, gritos y calumnias, y toda forma de malicia. 32 Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo.” Efesios 4:31 y 32

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¿Quién siente perdonar? Ninguno. Y es que el perdón es una decisión.

¿Por qué cuesta tanto perdonar? Porque el perdón, humanamente hablando, no es justo.

Cuando a usted lo ofenden o lo hieren, quiere venganza. Quiero ver sufrir al otro igual o peor, que lo que a usted le tocó sufrir. Justo es que alguien pague por su pecado. Justo es: “ojo por ojo y diente por diente”.

A pesar que humanamente el perdón no es justo, es divinamente ordenado. ¿Por qué? Dios sabe más. Quien no perdona es esclavo del ofensor. Sus energías están diluidas entre el vivir su vida y pensar en cómo hacer sufrir al otro o tan solo en la herida.

Dios sabe más. El enojo, el odio, el rencor, el resentimiento y la venganza, esclavizan, jamás liberan. Si usted llega a vengarse, se dará cuenta que esto no libera, esclaviza el doble. Quítese la carga de la falta de perdón. Dios sabe más. Usted es llamado a perdonar.

Cuando Jesús enseñó a orar a sus discípulos, en una parte de la oración dijo: “Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores.” La Biblia en Mateo 6:12 Las deudas aquí son las ofensas que cometen en contra de nosotros.

Al final de la oración lo único que Jesús explica de la misma tiene que ver con el perdón. “»Porque, si perdonan a otros sus ofensas, también los perdonará a ustedes su Padre celestial. 15 Pero, si no perdonan a otros sus ofensas, tampoco su Padre les perdonará a ustedes las suyas.” La Biblia en Mateo 6:14 y 15

Es claro. El que no perdona, no tiene el perdón de Dios. Si Dios nos ha perdonado por medio de la fe en el sacrificio de Jesús en la cruz, estamos obligados a perdonar. No por temor, sino que al valorar el inmenso amor y perdón por el pecado que no podíamos pagar, somos llamados a tener misericordia.

El perdón libera a la persona de su corazón, pero no siempre de las consecuencias. Jesús perdonó a uno de los ladrones que fue crucificado al lado de él, porque creyó en él y le pidió que se acordara cuando viniera en su reino. Y Jesús le dijo: “Hoy estarás conmigo él en el paraíso.” Podemos perdonar, pero la ley de nuestro país no debe perdonar.

¿Cómo perdonar? Es muy difícil entender lo que el perdón es, para aquel que no ha experimentado el perdón de Dios. Cuando estamos convictos de pecado frente a él y no hay nada que podamos hacer para enmendar algo, y sólo su gracia – ese favor inmerecido -, nos extiende misericordia, entonces comprendemos lo que es la gracia y la misericordia hacia otros.

¿Cómo perdonar? Decida perdonar como Dios lo perdonó por medio del sacrificio de Jesús en la cruz. Decida perdonar y extienda el perdón a la otra persona. No significa que ahora será un íntimo amigo de la otra persona, pero sus corazones estarán libres de la ofensa y del pecado del odio.

¿Quiere disfrutar de la Navidad con un corazón liviano? Perdone y perdone hoy. Haga una oración y perdone a la persona que le ha ofendido y herido al punto que no puede más. Sea libre. Perdonar no es humanamente justo, pero sí divinamente ordenado. Dios sabe más. Perdone…

Vivir atado a las ofensas, no es vivir, es subsistir… ¿Qué hará ahora?

Jesús es nuestro máximo ejemplo de amor y de perdón. Amó hasta la muerte. Amó a Dios el Padre y fue obediente a su misión de redimirnos del pecado. Nos amó tanto, que no murió por unos, murió por todos. Murió incluso por los que lo crucificaron. Por eso exclamó: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Imitemos el gran amor, el sacrificio y el corazón perdonador de Jesús.

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El árbol de Navidad, las luces decorando afuera de las casas, la cena con tamales, pierna o pavo, los fuegos pirotécnicos y todos corriendo por sus vidas o las ofertas de fin de año, aparecen en la época de Navidad, pero no son la Navidad.

La Navidad, viene del latín “Nativitas” que significa, nacimiento. Y es celebrar el nacimiento de Jesús (se desconoce la fecha exacta de su nacimiento). Si alguien le pregunta sobre la esencia de la Navidad ¿Podría responderle?

Descargue y utilice este material, para hacer un devocional en familia, en la reunión que realice el 24 o 25 de diciembre. Háganse siete preguntas, encuentren las respuestas a la luz de la Biblia, comenten al respecto y terminen en oración.

Para descargar el material que elaboramos para los miembros de La Fráter, dé clic aquí

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La muerte es de las cosas más dolorosas que experimenta el ser humano.

Esa separación física de un ser querido. Ese regresar a casa para encontrar todas las posesiones del difunto como antes, pero sin su presencia. Ese primer cumpleaños sin él, ese primer aniversario, esa primera navidad, ese primer logro sin su presencia…

He estado en entierros en donde yo también me quisiera morir. Un pariente grita desconsolado “Para qué quiero la vida ahora. ¡Me quiero morir, pero ya!”.

Y es que para la mayoría de aquellos que definen la muerte, como la cesación de la existencia, cuando pierden a un ser querido, experimentan una muerte doble. La del difunto y la de ellos, ya que resultan estar, muertos en vida. Algunos se consuelan diciendo que es el curso de la vida.

¿Por qué los cristianos enfrentan la muerte con dolor, pero continúan viviendo?, ¿Por qué, aunque los cristianos enfrenten una enfermedad terminal y ya prácticamente ante la muerte tienen esperanza?

Creemos las palabras que inspirado por el Espíritu Santo escribió el apóstol Pablo: “¿Acaso no creemos que Jesús murió y resucitó? Así también Dios resucitará con Jesús a los que han muerto en unión con él.” 1 de Tesalonicenses 4:14 #Jesúsresucitó #resucitaremosconél

Los cristianos somos ciudadanos del cielo y extranjeros en esta tierra. Comprendemos que Jesús les prometió a sus discípulos que se iría para prepararles un lugar y regresar por ellos. Sabemos que nos espera la eternidad. Eternidad que pasaremos con Dios en un lugar donde hay justicia y no hay ni sufrimiento, ni dolor.

Existe un error que algunos cristianos cometen. Y es llegar a la funeraria y animar a los cristianos a ya no llorar. Lo consuelan con palabras como: “Ya está en la presencia del Señor. Ya dejó de sufrir. No llore”.

Los cristianos no negamos los sentimientos, no ignoramos el duelo que debemos enfrentar, no minimizamos el dolor, sino que, en medio del mismo, nos consuela la promesa de la resurrección.

Lo mejor que puede hacer usted cuando alguien ha perdido a un ser querido, es llegar y abrazarlos. Estar ahí para ellos y ponerse a las órdenes para lo que necesiten. Posterior al entierro, ponerse a las órdenes de nuevo para cuando quieran hacer lo que quieran. Y usted cuando pierda a un ser querido, pase por su luto, pero páselo con esperanza.

¿Por qué los cristianos, aunque son pecadores, viven constantemente queriendo complacer y agradar a Dios? Porque sabemos que esta vida no lo es todo, sino una nada comparado con la eternidad, entonces vivimos con las miras del juicio de Dios. No vivimos con temor al juicio, porque cuando nos arrepentimos de nuestros pecados – tenemos un cambio de nuestra dirección en nuestras vidas, por un cambio de pensamiento que Dios obra en nosotros que nos lleva a amar lo que antes odiábamos y a odiar lo que antes amábamos – y creemos en el sacrificio de Jesús en la cruz como el único camino para reconciliarnos con nuestro Dios justo y santo que no tolera el pecado y recibir el pecado, comprendemos que ahora somos hijos y estamos sellados con la marca del Espíritu Santo hasta el día de nuestra redención. Vivimos para santificarnos a Dios. Alejarnos del pecado y consagrarnos a él. Y si pecamos, doblamos rodillas y comenzamos de nuevo. ¿Cómo no amar a aquel que lo entregó todo por nosotros?, ¿Cómo no reconocer y adorar al Creador cuyas instrucciones de vida son perfectas y el producto de vivir en ellas paz?

Por eso los cristianos no vivimos como nos place. Porque sabemos que el Creador, el perfecto, diseñó este mundo para operar de cierta manera. Y salirse de su perfecta voluntad, es encontrar y dar golpes. Porque buscar crear un camino recto, como los seres humanos pecadores que somos, es una mentira. Hay quienes caminan y creen que caminan bien, pero van derecho a la muerte. Como dijo el sabio: “Hay camino que al hombre le parece derecho;
Pero su fin es camino de muerte.” Proverbios 14:12

Así es que la muerte es inevitable. Todos pasaremos por ella y tendremos que llorar y sufrir cuando nuestros parientes pasen por ella. Pero a los cristianos nos duele, pero nos duele con esperanza.

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Desde siempre, les hemos enseñado a nuestros cuatro hijos de 14, 12, 11 y 10 años, que nuestra meta es que sean independientes y luego interdependientes. Que puedan auto gobernarse a sí mismos. Y, sobre todo, que estudien lo que estudien y que trabajen en donde trabajen, son llamados a ser siempre, fieles discípulos de Jesús.

Cuando alguno de ellos hace algo malo, les explicamos que nuestra meta no es que se porten bien frente a nosotros, sino que especialmente cuando no estamos presentes. Porque portarse bien sólo frente a nosotros, verdaderamente no produce frutos de obediencia, sino una siembra de engaño, que al final de cuentas traerá dolor, vergüenza y muerte.

Muchos cristianos podemos caer en el error de abusar de la gracia de Dios. Ese regalo inmerecido de perdón y reconciliación con Dios y que nos da por medio del sacrificio de Jesús en la cruz. Podemos vivir como no creyentes, con la única diferencia, que pedimos perdón cada vez que pecamos.

El hijo que se porta bien sólo frente a sus papás, no sólo vive engañado, sino que engaña a sí mismo. “Este es el mensaje que hemos oído de él y que les anunciamos: Dios es luz y en él no hay ninguna oscuridad. 6 Si afirmamos que tenemos comunión con él, pero vivimos en la oscuridad, mentimos y no ponemos en práctica la verdad. 7 Pero, si vivimos en la luz, así como él está en la luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesucristo nos limpia de todo pecado.” 1 Juan 1:5-7 NVI

Podemos conocer de Dios, sin ser personas de Dios. Podemos saber de Dios, sin obedecer a Dios. El conocimiento, sin arrepentimiento y sin negarnos a nosotros mismos, tomar nuestra cruz cada día y seguirle, no produce frutos de justicia.

Como la novia de Cristo que somos, Dios nos ha llamado afuera del mundo – todo aquello que es contrario a su voluntad – para consagrarnos a él. El que se consagra a un deporte piensa en ello en todo momento. Cada decisión la toma pensando en su deporte y en su meta final. Lo mismo debe ocurrir con todo cristiano.

 Todo cristiano no por fuerza es un discípulo de Jesús, pero todo discípulo de Jesús es por fuerza un cristiano. La diferencia no está en llamarse, sino en que cómo nos llaman, porque reflejamos a Jesús. No está en saber, está en hacer.

Cristiano puede llamarse cualquier persona, pero vivir como si no lo fuera, negando el título que ostenta. De hecho, hay personas que se llaman cristianas y cuando uno les pregunta a dónde asisten, responden que son cristianos, pero de nombre. Si somos fisicoculturistas, enseñemos los músculos. Si somos programadores, mostremos nuestros programas. Si somos cristianos, seamos santos siempre.

¿Qué debe crucificar para ser verdaderamente un fiel discípulo de Jesús? Niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígale. Saberlo es bueno, vivir y obedecerlo, su llamado. Y el llamado de Dios siempre produce: paz y vida.

“Luego dijo Jesús a sus discípulos: ―Si alguien quiere ser mi discípulo, tiene que negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguirme. 25 Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la encontrará.” Mateo 16:24 NVI

“El que afirma que permanece en él debe vivir como él vivió.” 1 Juan 2:6 NVI

Así que arrepentimiento, oración, lectura de su Palabra y poder del Espíritu para vivir y ser testigos. Adelante en su caminar cristiano…

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