Hay fiesta en el cielo porque la princesa ha regresado a su castillo

noviembre 1, 2013

Hoy mi corazón es PeláezHoy se celebra en Guatemala “El Día de Todos los Santos”. Esta tradición establecida por la iglesia Católica consiste en honrar y traer a la memoria a las personas que han muerto. De hecho hoy es un feriado en Guatemala.

Cientos de miles de personas visitan los cementerios para llevar flores y recordar a sus seres queridos. Otros por algún motivo que no comparto, hasta llevan y les dejan comida a los difuntos.

Es imposible especialmente por el feriado nacional impedir traer a la memoria a las personas que este año y en años anteriores murieron. Hay quienes en el último mes tuvieron que enterrar a su pareja, a un hijo, a un papá, a un hermano o a un buen amigo.

Entre tantos amigos y conocidos que han partido a la presencia del Señor hoy recuerdo a Ileana de Peláez. El martes 5 de Noviembre estaría celebrando sus Bodas de Plata con su esposo Julio Peláez. Después de 24 años de matrimonio y de haber criado a dos hijos, el 9 de Enero de este año se graduó con honores al cielo. Ambos sirvieron juntos al Señor.

Ileana como todo ser humano no fue una mujer perfecta, pero sí excepcional. Dejó instrucciones a su hermana para su único hijo pensando en el día de su boda y no sé qué más. La madrugada del 1 de Enero de este año amaneció en larga plática con Julio hablando sobre lo que venía por causa del cáncer si Dios no hacía un milagro.

Ese 1 de Enero se levantaron y fueron al cementerio a meditar y recordar a su hijo Rodrigo quien precisamente falleció hace varios años un 1 de Enero y a orar por la familia que aún disfrutaba la vida en esta tierra. Luego de almorzar con su hermana y su familia en medio de un terrible cansancio por los malestares de su enfermedad llegaron a nuestra casa.

Hay gente que inexplicablemente uno llega a amar con todo el corazón. Al casarnos Aixa y yo pensamos en 4 parejas para que fueran nuestros padrinos. Los Peláez fueron una de ellas y con quienes más tiempo compartimos a pesar que nos llevan más de dos décadas de edad.

Mis hijos la querían mucho y estaban al tanto que o Dios hacía un milagro o se nos adelantaría al más allá. No quería dejar pasar ese día sin visitarnos especialmente para entregarle un regalo a cada uno de mis hijos.

Su mirada demostraba cansancio pero siempre con una sonrisa. Por ratos su mirada se quedaba perdida. Pero conversaba. Les tomé la última foto que tenemos de ella junto con mis hijos y sus regalos. No sabíamos que 8 días después partiría a su presencia.

Al despedirnos fuera de la casa no sólo me dio un beso sino un abrazo como el que nunca me había dado. Yo tenía una mano dentro de mi bolsa del pantalón y la abracé sólo con un brazo. Lamento no haber usado los dos. Pero jamás me había abrazado así. Entré a la casa nostálgico y conmovido en mis adentros y le dije a mi esposa: mi amor, creo que Ileana partirá pronto a la presencia de Dios. Vino a despedirse.

Después de dos crisis y de entrar una vez al hospital y salir y volver a regresar, partió a la presencia de Dios. No sin antes la segunda vez que entró al hospital decirle a mi esposa tipo 3 de la mañana en medio de su dolor: “Aixa, no llores… vete a tu casa”. ¡Qué mujer! En sus últimos momentos preocupándose por otros.

Aún en sus últimos días recibió todas las noches a su esposo en casa con el poco pelo que le quedaba bien peinado y su cara bien maquillada.

He estado en entierros en donde yo quisiera que me enterraran junto con el difunto, porque lo que menos hay en esos casos es esperanza. Gritos como me quiero morir… Ya no quiero vivir… Ya nada vale la pena… Para ellos la muerte duele tanto, que se quieren morir.

Pero he estado en otros entierros en donde hay un terrible dolor, pero existe esperanza. Tal fue el caso con los Peláez. Su hijo habló con un terrible dolor pero una grandiosa esperanza por la fe en Jesús en la resurrección de los muertos y terminó diciendo: “Hay fiesta en el cielo porque la princesa ha regresado a su castillo”. Julio Peláez también habló de su amada esposa con dolor y ternura pero con esperanza.

He llegado a la conclusión que: “Para nosotros los cristianos la muerte duele, pero duele con esperanza”.

Llorar a los que han muerto no es pecado, es señal que aún no estamos muertos y que en vida en realidad amamos. Pero no nos quedemos tirados llorando hacia el suelo, sino lloremos hacia el cielo en donde está Dios y de donde viene nuestro socorro y nuestra esperanza y la promesa futura de su resurrección.

Y a usted que me lee y comparte lo que leo con otros, gracias. Gracias por permitirme agregarle valor a su vida al escribir sobre los asuntos relevantes de la vida, en base a lo que enseña la Biblia. Un abrazo.

1 de Tesalonicenses 4:13 NVI “Hermanos, no queremos que ignoren lo que va a pasar con los que ya han muerto, para que no se entristezcan como esos otros que no tienen esperanza. 14 ¿Acaso no creemos que Jesús murió y resucitó? Así también Dios resucitará con Jesús a los que han muerto en unión con él.”

Salmo 116:15 NVI “Mucho valor tiene a los ojos del Señor la muerte de sus fieles.”

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Pastor Alex López

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