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Hoy cumplo 50 años de edad, llego a medio siglo y no llegaré a otro.

Sea usted mucho más joven o mayor. De pronto y le sirve algo de lo que he aprendido en el camino. Aquí le presento algunas de esas lecciones:

  1. Algunas dificultades las causan los demás, hay que aprender a perdonar y a volar.
  2. La mayoría de dificultades vienen de pararnos sobre la cinta del zapato contrario. Aprendamos, pidamos perdón, perdonemos, perdonémonos y volemos hacia el horizonte.
  3. Lo que más tememos a veces sucede y se descubre que al final se sobrevive. Lloremos, caminemos o gateemos, pero nunca dejemos de avanzar.
  4. En las pruebas, sigamos avanzando, con lágrimas en los ojos, pero siempre con la mirada al frente y, sobre todo, hacia arriba.
  5. Lo malo pasa, pero lo bueno también. Hay que soltar lo primero y disfrutar lo segundo.
  6. Vivir solo en el pasado deprime, solo en el futuro desubica y solo el presente sin visión no construye.
  7. Lo más valioso es lo que el dinero no puede comprar. Esto se recibe cuando se ama a las personas que a su vez aman.
  8. Alejarse de algunas personas a veces no es falta de amor. Es amarse.
  9. La autenticidad es de lo más valioso. Se alcanza cuando dejamos de sostener apariencias y permitimos que nuestro yo privado, coincida lo más posible, con nuestro yo público.
  10. El mayor problema no está en la capacidad sino en la mentalidad. Hablémonos sólo palabras que sean excelentes o merecen elogios.
  11. Lo que pensamos, sentimos. Lo que sentimos, hacemos. Y, lo que hacemos, nos da un resultado final. Todo nace para bien o para mal, con un pensamiento. Programe y tenga solo pensamientos de vida.
  12. Caer bien es un arte, el de tratar a los demás como si fueran superiores a nosotros mismos.
  13. Sólo ayudando nos ayudamos. Lo que se da siempre regresa, aquí o en la eternidad.
  14. El viaje de la vida es lindo, acompañado, es hermoso. Rodeémonos de pocos, pero de buenos y verdaderos amigos. Aquellos que se quedan cuando la tormenta limpia la mesa. Y, si quedan pocos, hagamos otros.
  15. Fracasaremos muchas veces. Hagamos del fracaso un momento y no un monumento. Sentémonos, lloremos, pidamos perdón, perdonémonos, aprendamos y comencemos de nuevo.
  16. Para creer en Dios se necesita fe. Para creer en la nada también. Escojamos creer y vivir para el Creador del universo. Es vida, paz y salud al cuerpo.

Mi plan de vida era “perfecto”, pero la vida y mis propias decisiones me obligaron a reescribirlo por completo dos veces. La vida no es una línea recta, pero sí tiene un destino. Si los golpes o los errores del camino nos lanzan ladrillos, no nos quedemos entre las ruinas, construyamos un castillo.

Para mí es un castillo personal, pero también un castillo espiritual. Construyamos un castillo sobre una roca que se llama Cristo. Jesús, Verbo y no sustantivo. El “logos”, esa palabra que creó el universo, que inició la acción y que nos llama a accionar sobre sus enseñanzas. No por temor a una condenación. Sin por amor a una salvación que Jesús, la segunda persona de la Trinidad, el Hijo, nos dio al vestirse de carne y huesos, vivir la vida que no podíamos vivir y morir la muerte que merecíamos, para que sus obras de justicia y calificaciones con 100 puntos en buenas obras, se nos fueran otorgadas gratuitamente por la fe en su sacrificio en la cruz. Vivo feliz, vivo contento, porque soy perdonado, redimido, rescatado y amado a pesar de mis malas obras.

Nunca escribiré una publicación que se llame: “100 vueltas al sol”. Pero las vueltas que Dios me dé, seguiré los consejos del sabio Salomón:

“Por tanto, celebro la alegría, pues no hay para el ser humano nada mejor bajo el sol que comer, beber y alegrarse. Solo eso le queda de tanto afanarse en esta vida que Dios le ha dado bajo el sol.”

Y también:

“El fin de este asunto es que ya se ha escuchado todo. Teme a Dios y cumple sus mandamientos, porque esto es todo para el hombre. Pues Dios juzgará toda obra, buena o mala, aun la realizada en secreto.”

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Fred Smith, mentor de personas como el experto mundial en liderazgo John C. Maxwell, decía que las metas, suelen ser las confesiones de las metas no alcanzadas el año anterior.

Esto, porque solemos ponernos metas, que nunca alcanzamos. Y, quien las alcanza, es admirado.

¿Qué hace que las personas alcancen sus metas y otros no? Quiero compartirle estos cortos pero efectivos consejos para alcanzar sus metas.

1. Defina su sueño
¿Qué quiero alcanzar?

2. Póngale fecha a su sueño
¿Para cuándo quiero alcanzarla?

3. Divida su meta en pequeñas acciones diarias o semanales.
¿Qué acciones y en qué orden debo realizarlas para alcanzar mi meta?

4. Coloque las acciones en su calendario
¿Cuándo realizaré qué acciones?

5. Sea disciplinado
¿Qué haré cuando quiera negociar no cumplir con lo que establecí como acción?

6. Defina sus para qués del esfuerzo
¿Para qué quiero alcanzar esta meta que me dará la fuerza para esforzarme?

Leer esto es fácil. Pero sólo el que se siente con papel en mano y lo haga, irá camino a que este año 2026 sea mejor que el anterior. ¿Qué piensa?, ¿Qué hará ahora mismo?

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«Nunca coma solo»… ese es el título del famoso libro de Keith Ferrazzi. Su premisa es clara: el éxito depende de las relaciones que construye a través de la generosidad y el networking. Sin embargo, creo que hay algo igual de importante: aprender a comer solo. Aquí le comparto 7 beneficios que he descubierto al hacerlo:

1. Aprende a ser su propia compañía
De los 17 a los 19 años viví solo en Dallas gracias a una beca-trabajo. Durante los veranos, el internado quedaba casi desierto y pasaba seis semanas casi en total soledad. Para no «perder la cabeza», aprendí que mientras más solo se está, más importantes son las rutinas. Establecí horarios estrictos para todo: trabajar en la biblioteca, estudiar cursos, caminar y tocar el teclado. Aprendí a ser mi propia compañía y a no depender de otros. Aunque hoy prefiero estar acompañado, esa experiencia me enseñó el valor de bastarse a uno mismo y mantener la disciplina personal en el aislamiento.

      2. Reflexiona sobre su vida
      El Sabio Salomón decía: “Y como Dios le llena de alegría el corazón, muy poco reflexiona el hombre en cuanto a su vida.” El día a día y hasta la alegría nublan nuestra vista de evaluar cómo estamos viviendo. Sócrates decía: “Una vida sin examen no merece ser vivida”. Es en esos momentos de soledad en donde he podido meditar quién soy, qué estoy haciendo bien y qué debo cambiar. Cuando no tenemos con quien hablar, hablamos con nosotros mismos. Y, ese diálogo interno nos puede llevar a la corrección y a la sabiduría.

      3. Frena el ritmo ajetreado
      La vida del ser humano hoy es correr y correr. Es una vida ajetreada. En Guatemala el movilizarse es un tema de una a tres horas por la mañana y de manera similar por la noche, tan sólo para llegar al trabajo. Sentarnos, solos y hacer un alto, nos lleva a frenar. Al comer con otros curiosamente me di cuenta lo rápido que comía. Hoy cuando me siento solo a la mesa, soy más consciente de frenar, comer, degustar y el bajar revoluciones da paz.

      4. Escucha buena música y aprecia las emociones del compositor
      En ocasiones no reflexiono sobre la vida, pero sí escucho buena música. Me gustan canciones de fe, alegría, esperanza y amor. Hay canciones que me conmueven. Entonces, no sólo hago un alto al sentarme solo a comer, también a veces escucho buena música. Pongo atención y experimento los sentimientos del compositor. A veces, sonrió, a veces, lloro. Todo ayuda…

      5. Aprende al leer a las personas en otras mesas
      Ver lo que está pasando en otras mesas es una clase magistral de lo que podemos evitar y de lo que podemos imitar. Los que se sientan y no hablan para nada. Cada quien con su celular en la mano. Los que se sientan y no se quitan la mirada de encima. Los que alegan, los que escuchan activamente se puede leer la empatía desde lejos. Los que tienen un niño en la mesa y la vida que ellos le dan hasta a los meseros. Es increíble lo que se aprende viendo.

      6. Escribe y sueña con el mañana
      De mis actividades favoritas cuando me siento solo a comer. Lapicero, papel y soñar. ¿Qué quiero lograr?, ¿Qué debo aclarar? Ese viaje de 7 días en donde todos los tiempos comí solo fue enriquecedor. Soñé con mi mañana, escribí para mi mañana y eso no sólo me dio inspiración, sino que me llevó a la acción. A veces, sólo escribo lo que estoy viviendo o sintiendo y en ese proceso, aclaro mi pensamiento. Escribir tiene algo mágico que produce en nosotros.

      7. Valora la compañía de un buen amigo
      Esta publicación la escribí precisamente, cenando solo.  Sentado en un restaurante, y, mientras comía a pesar de estar solo, no estaba solo. Estaba con usted que me leería, que de seguro anhela un buen amigo, un buen café, una buena charla y un buen abrazo que dice: te quiero. Así que a veces coma solo y el resto del tiempo coma acompañado, porque la riqueza de la vida está en comer, beber, disfrutar y compartir con las personas cercanas que agregan sabor y valor a la vida.

      Por eso, aunque hoy cené conmigo mismo, mañana a las 6:00 a.m. desayunaré con un amigo de 66 años (yo tengo 49). Luego, me voy con el corazón lleno para trabajar con tres clientes uno a uno Reseteo Gerencial, un programa de transformación ejecutiva por el que más de 90 líderes han pasado y sido impactados. Si desea más información del programa escríbame dando click aquí

      Y, usted, ¿Con quién comerá esta semana? Y, ¿Cuándo comerá sólo para trabajar sus metas del próximo año? Porque: “El que no tiene metas, ya llegó”.

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      El tiempo vuela y hoy cumplo 49 años de estar en esta tierra. Realmente suena increíble y parece increíble. Suena así, porque sigo sintiéndome igual que cuando era un niño, aunque ya no me parezca físicamente a ese niño. Si volviera a nacer ¿Qué haría? Escribí estos 49 pensamientos de corrido y no en orden de importancia.

      1. Disfrutaría más.
      2. Tendría más amigos a quienes doy, pero también me dan.
      3. Sería más vulnerable.
      4. Encontraría más rápidamente mentores para todo.
      5. Pensaría menos en el mañana y disfrutaría más el hoy.
      6. Cuidaría lo que me hablo.
      7. Buscaría que no el miedo, sino el desafío, fuera más mi inspiración.
      8. Me hablaría palabras de afirmación, amor y esperanza.
      9. Me hablaría las promesas de Dios en su Palabra.
      10. Confrontaría con lógica lo que pienso en mi mente sobre mí, porque mucho de lo que pensé sobre mí y que dictó mi vida, eran exageraciones o mentiras.
      11. Amaría a mi prójimo más intensamente.
      12. Me repetiría diariamente las promesas de Dios en la Biblia: soy hijo, soy amado, soy perdonado, tengo promesa de vida eterna, tengo un espíritu de poder, amor y dominio propio y repetiría cuántas promesas más hay en la Escritura.
      13. Cuando de trabajo se habla, volvería a trabajar como animal. Pero cuando de descanso se habla, también descansaría como animal. Un constante balance entre esfuerzo y reposo.
      14. Pensaría menos en el futuro y disfrutaría más el ahora, sin dejar de visitar el futuro para prever lo que debo hacer, pero accionando con paz en el hoy.
      15. Jamás volvería al pasado sino para aprender de mis errores, para ver de dónde vengo y lo que Dios ha hecho en mí.
      16. Descansaría más en Dios y menos en mis fuerzas.
      17. No me enfocaría en buscar ser perfecto porque no se puede más que vivir en constante frustración y derrota, sino que sería un imperfecto que descansa en las manos de Dios.
      18. Viviría enfocado en agradar a Dios y en amar a otros. No dejando que mi mente se contamine con los deseos de este mundo.
      19. Pensaría antes de actuar y por escrito, en las consecuencias de mis acciones.
      20. No me dejaría llevar por las apariencias hasta comprobar qué verdaderamente hay detrás.
      21. Evaluaría más a la gente demasiado encantadora, demasiado cae bien o demasiado atenta. Para ver si lo que se ve, es lo que hay detrás o si tienen intenciones torcidas. Hay gente que hace las tres cosas y es sana y hay gente que las hace y no lo son.
      22. Identificaría rápidamente a las personas tóxicas y egocéntricas y saldría huyendo.
      23. Sería más paciente y difícil de ser provocado a enojo por otros.
      24. Practicaría el dominio propio en todas las áreas de mi vida, sin dejar algunas sin una muralla de disciplina que las proteja.
      25. Hablaría de mis dolores y heridas con personas espirituales, profesionales y confidentes abiertamente desde el principio.
      26. Me recordaría que sólo la acción cambia el futuro. Y, que todo pensamiento que sólo describe el hoy, pero que no incluye un plan de acción, no sirve para nada. Más que para hacerme improductivo, inactivo o para caer en el descontrol.
      27. Tendría más amigos fuera del trabajo, porque la mayoría de personas en el trabajo no son amigos, son compañeros de trabajo. Algunos trascienden a una amistad pura. Pero la mayoría, son sólo compañeros de trabajo. Y, cuando el trabajo se acaba, esas relaciones se acaban.
      28. Tendría más valor para tomar decisiones “de muerte” más rápidamente, cuando “la muerte” va a traer vida en mi vida.
      29. No me acercaría para nada a esos pecados que una vez cometidos, esclavizan.
      30. Practicaría el amor propio. Me vería siempre a través de los ojos de Dios.
      31. Practicaría rutinariamente el auto cuidado de mi cuerpo, de mi mente y de mi espíritu.
      32. Buscaría el éxito en tres niveles: en el ser, en el hacer y en el tener.
      33. Leería más la Biblia a través de los ojos de Jesús, el Cristo prometido, quien es la llave para entender la Escritura.
      34. Planificaría mi semana en base a mis roles personales, empresariales e individuales en base a lo importante y no urgente.
      35. Leería menos libros en mis vacaciones y compartiría más.
      36. Contrataría a más personas o delegaría más cosas, para no viajar nunca más con una computadora para trabajar mientras mi familia descansa.
      37. Me aislaría menos cuando estoy mal y buscaría mi círculo seguro para abrir mi corazón.
      38. Buscaría un amigo que se vuelva como hermano, que llame y yo llame sólo porque sí. Que yo esté para él y él para otros.
      39. Tendría más carácter para mantenerme firme en decisiones de las que tomé y me hice para atrás que me hubieran ahorrado mucho dolor por no tener el valor para mantenerlas, ceder y no conocer mi valor.
      40. Sería un mejor papá con mis cuatro hijos. Me dedicaría más a amarlos y menos a formarlos. Los cubriría con más gracia, que con castigo. Y, mucho de lo que escribí arriba, me haría un mejor papá evitando los errores que cometí, las veces que los herí, las veces que me humillé y les pedí perdón.
      41. Estudiaría además de Administración a nivel de Licenciatura y Maestría, Psicología.
      42. No me retraería de mostrar lo sensible que soy al llorar cada vez que veo la compasión en acción, el dolor del prójimo, la música que me conmueve, al expresar lo que siento por los que amo y al cantarle a mi Dios.
      43. Daría más palabras de afirmación y felicitación por todo lo bueno que vea. Porque si la afirmación y la felicitación fueran agua, el mundo ya hubiera muerto de sed.
      44. No sería el payaso que en ocasiones fui en el pasado en algunas situaciones que merecían formalidad.
      45. No tendría miedo de perder para ganar. En Dios todo va a estar bien.
      46. Estudiaría canto y cantaría más para mí antes que para otros.
      47. Invitaría a comer más a extraños que no tienen dinero y compartiría más con ellos.
      48. Sería más generoso con aquellas personas que sólo pueden devolver un gracias.
      49. Pediría más ayuda y haría menos cosas solo.

      Pero como no puedo nacer de nuevo y cambiar las partes de mi historia que no me gustan y detesto desde cero, sólo puedo aferrarme a la promesa del evangelio. Esa promesa que Jesús murió por mis pecados, que su justicia me fue otorgada gratuitamente por la fe en Jesucristo y él me llama santo, que Dios me lavó y purificó de todos mis desagradables pecados, que soy amado no por lo que hago sino por lo que Cristo hizo en la cruz, que soy llamado a amarle sabiendo que ya estoy seguro en él, que él me dará la fuerza para enfrentar todas las consecuencias terrenales de mis pecados mientras me concede el gozo de continuar viviendo en él y que las palabras que deben importarme y sostenerme son las del cielo, porque sólo él me ve plenamente con ojos de amor, porque sólo él puede perdonarme y olvidar completamente mis pecados.

      Y, usted. Como tampoco puede volverá a nacer de nuevo ¿A qué se aferrará? Y, ¿Qué hará?

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      Hoy que es el día de la madre en Guatemala y mañana que será en los Estados Unidos, quiero compartirle cinco cosas que aprendí de niño de mi mamá Elsy de López, quien ya está en sus setentas. Y, es abuela de doce nietos.

      1. Aprendí a llenar las manos vacías
      Siempre que el recolector de basura entraba a la casa a sacar la misma, nunca se fue con las manos vacías. Siempre recibió el saludo respetuoso que todos los seres que somos iguales necesitamos dar, recibió agua o un refresco y algo para comer. Ya sea unos bananos o unas galletas. Somos llamados a llenar las manos vacías de esperanza, todos de acuerdo a nuestra capacidad. Y, cuando damos, recibimos satisfacción, el que la recibe bendición y hasta el que lo mira, inspiración. El dar bendice a todos.

      2. Aprendí a llorar con los demás
      Si algo vi muchas veces a mi mamá hacer en la iglesia La Fráter, en donde sirve todavía al frente del área de los niños de la iglesia, fue abrazar y llorar con otros. El día que mi mamá se muera – que ojalá sea dentro de muchos años -, no van a llorar por lo que escucharon algún día enseñar desde el púlpito, sino por los mensajes, regalos, ofrendas, llamadas, visitas y porque tuvieron un hombro en el cual llorar siempre. Ahora más que nunca, lloro ante y con el dolor de otros. Es como si hubiera vuelto a ser el niño o el adolescente de antes.

      3. Aprendí la empatía y la compasión
      Ponerse en el lugar de otros y poder sentir es tan importante. Pero también lo es, sentir la compasión que nos lleva a aliviar esa situación. En mi casa dormía en un cuarto solo, en una cama matrimonial. Una madrugada, mi mamá me llegó a despertar, me llevó al cuarto donde estaban mis hermanos y me acostó en el piso sobre un sleeping bag (saco de dormir). En la sala de la casa estaban una mujer y su hijo que habían que tenido que salir de su casa, por una situación difícil. Mi mamá, les daría mi cuarto. Me volví a dormir. Al rato regresó, por algún motivo decidieron no quedarse. Y, volví a mi cama. La empatía y la compasión son importantes. Sentir lo que otros sienten, pero también, aliviar la situación de otros. Como hemos escuchado. No podemos cambiar el mundo, pero sí el mundo de alguien.

      4. Aprendí a servir y a estar pendiente de otros
      Siempre preguntando, siempre orando, siempre animando. Sabe sobre la vida personal de cientos y me atrevería a decir, de miles de personas en La Fráter. Mantiene comunicación y apoya a gente que ya ni asiste a la iglesia. Ayer 9 de mayo aproveché para enviarle unas flores con una nota que decía: “Feliz día de la madre, madre linda! Sos madre de 3 y de cientos que han recibido tu amor. Te amo. Dios te bendiga con salud y larga vida, Alex López”. Estar pendiente de otros, sin desatender primero nuestro propio ser, es un llamado, es amor. Ella lo ha hecho y lo sigue haciendo. Sé que personas incluso en sus cincuentas y sesentas la ven como una madre. Miss Elsy, es como la conocen todos los que ha servido en el área de niños. Ella maestra de profesión, ha tocado el corazón de muchos.

      5. Aprendí que sólo Dios es perfecto
      A pesar de todo lo maravilloso de mi mamá, no es perfecta. Es una pecadora, que al igual que yo, necesitamos a un Salvador. Y, Jesús fue el único perfecto, para que todo el que crea en su perfección (pues nunca pecó), en su encarnación (que la divinidad se visitó de carne y huesos para ser el único santo que nunca pecó), en su muerte (murió el justo por los injustos a fin de llevarnos a Dios) y en su resurrección (promesa de un cielo y de una tierra nueva donde ya no hay ni muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor), pueda vivir una nueva vida a pesar del pasado más horrible y sucio que como pecadores tenemos. Porque Dios ama, salva, perdona y da nueva vida.

      ¿Qué se lleva de esta publicación? Madre linda, te amo… Las flores se marchitarán, pero mi amor nunca…

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