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En el cielo todo cambiará

agosto 25, 2022

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“Guatemala no va a cambiar”. Esas fueron las palabras que escuché de un guatemalteco sobre la nación que ama.

Los momentos duros de la vida, pueden llevarnos a pensar que todo está perdido. Pero no es así. No podemos cambiar completamente la nación en la que vivimos, pero sí, cambiar algo de dónde estamos.

Desde que Adán y Eva pecaron, la humanidad entera cayó de la posición especial y espiritual que en el Jardín del Edén, tenía con Dios su creador.

El pecado nos llevó a conocer el bien y el mal, el miedo, la vergüenza y la culpabilidad. Y, también, las consecuencias de nuestro pecado.

Adán y Eva fueron expulsados del Jardín del Edén, la muerte entró y con ella, todos los males que nos llevan a la tumba.

Caín, el primer hijo de Adán y Eva, mató a su hermano Abel. El mal habita en nuestros corazones, nadie le enseñó a pecar a Caín. Todos tendemos hacia el mal y por eso, necesitamos un Salvador. El agua no tiene sentido sin sed. Y, la salvación, también sin pecado.

Dios nos ofrece por la fe en Jesús, perdón de pecados (paz para con Dios), fortaleza para enfrentar las angustias de la vida (el cristiano enfrenta todas y las mismas angustias de todo ser humano) y vida eterna (nuestra esperanza).

Como cristianos, trabajemos por cambiar e influir para el bien de nuestras naciones, desde la trinchera en donde nos movemos.

Trabajemos por nuestra nación, pero recordemos nuestro llamado principal es triple. Vivir para Dios y disfrutarlo a él. Amar al prójimo como a nosotros mismos (lo que implica no sólo el trato sino el compartir esta noticia de perdón de pecado en Jesús) y vivir expectantes con un cielo nuevo y una tierra nueva.

En este mundo, veremos cosas bellas y cosas horribles. Pero viene otro mundo, un lugar en donde no hay muerte, ni llanto, ni lamento, ni dolor. Esa debe ser la esperanza eterna que jamás se marchita o pierde fuerza.

En el cielo, cuando Jesús regrese por su iglesia, todo cambiará. En el cielo, Dios gobernará con justicia y rectitud. La paz de Dios será completa y no tendremos cuerpos naturales como los de ahora, sino celestiales.

Esforcémonos por transformar nuestras naciones, pero vivamos sin importar la situación en la que estemos, para la gloria de Dios. Y, expectantes de ese día, cuando el mal, será extinguido en nosotros y en todos. Ese día cuando vivamos cara a cara con Dios en el cielo.

“Ante todo, deben saber que en los últimos días vendrá gente burlona que, siguiendo sus malos deseos, se mofará: «¿Qué hubo de esa promesa de su venida? Nuestros padres murieron, y nada ha cambiado desde el principio de la creación». Pero intencionalmente olvidan que desde tiempos antiguos, por la palabra de Dios, existía el cielo y también la tierra, que surgió del agua y mediante el agua. Por la palabra y el agua, el mundo de aquel entonces pereció inundado. Y ahora, por esa misma palabra, el cielo y la tierra están guardados para el fuego, reservados para el día del juicio y de la destrucción de los impíos. Pero no olviden, queridos hermanos, que para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir su promesa, según entienden algunos la tardanza. Más bien, él tiene paciencia con ustedes, porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se arrepientan. Pero el día del Señor vendrá como un ladrón. En aquel día los cielos desaparecerán con un estruendo espantoso, los elementos serán destruidos por el fuego, y la tierra, con todo lo que hay en ella, será quemada. Ya que todo será destruido de esa manera, ¿no deberían vivir ustedes como Dios manda, siguiendo una conducta intachable y esperando ansiosamente la venida del día de Dios? Ese día los cielos serán destruidos por el fuego, y los elementos se derretirán con el calor de las llamas. Pero, según su promesa, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva, en los que habite la justicia. Por eso, queridos hermanos, mientras esperan estos acontecimientos, esfuércense para que Dios los halle sin mancha y sin defecto, y en paz con él. Tengan presente que la paciencia de nuestro Señor significa salvación, tal como les escribió también nuestro querido hermano Pablo, con la sabiduría que Dios le dio. En todas sus cartas se refiere a estos mismos temas. Hay en ellas algunos puntos difíciles de entender, que los ignorantes e inconstantes tergiversan, como lo hacen también con las demás Escrituras, para su propia perdición. Así que ustedes, queridos hermanos, puesto que ya saben esto de antemano, manténganse alerta, no sea que, arrastrados por el error de esos libertinos, pierdan la estabilidad y caigan. Más bien, crezcan en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. ¡A él sea la gloria ahora y para siempre! Amén.” 2 Pedro 3:3-18

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Ayer fuimos a almorzar con mi esposa y mis cuatro hijos. Tenía antojo de una pizza, una pizza de esas gruesas que traen de todo adentro. Mi favorita es la de Pepián – un recado negro o rojo guatemalteco, que según dicen comenzó en Chimaltenango y se servía para las bodas y cumpleaños entre otros –.

Pero me sorprendieron mis hijos cuando pidieron ir a almorzar al mercado de San Lucas. Este mercado es histórico en Guatemala. Allí hemos probado distintos platos típicos de Guatemala. Caldo de gallina, Pepián con pollo o res, buñuelos, tostadas con salsa, frijol o guacamole; canillitas de leche y rellenitos.

Comer es especial. Pero el lugar en donde uno come lo hace más especial. Y cuando es acompañado por la familia, aún más especial. No sólo es el lugar y las personas presentes, a eso se le suman los recuerdos de las visitas anteriores desde que uno es niño.

Cada uno de mis hijos pidió lo que se le antojó. Alguien pidió tortillas con carne adobada, otros carne asada, otro caldo de gallina y yo, pedí Pepián con pollo. ¡Ah! Qué delicia.

Mientras esperábamos fui al baño y el recorrido me lo disfruté. Doña Saturnina vende conejos, cuyos, pericas australianas y tortugas. Ahora hasta su número de celular tengo. El hijo de un amigo quiere un cuyo para Navidad. Ya tiene el contacto para pedirlo directo.

Me encontré con una estación de flores. La señora vendía de todo tipo de plantas. Las mamás guatemaltecas tienen algo especial por las flores. En toda casa, aunque no exista jardín hay macetas por todos lados. Allí estaban todas las señoras viendo qué plantas compraban.

Luego me encontré con una estación de dulces típicos. Otra en donde estaban friendo los famosos rellenitos. Y qué tal, antes sólo vendían rellenos de frijol, ahora hasta con Nutella tienen. ¡Otro nivel!

Mientras comíamos llego un señor no vidente a tocar la guitarra y a cantar junto a su hijo. Cantaron una canción de los Enanitos Verdes. Busqué la canción y se llama: Borracho y loco. Así ni quiero andar, ni quiero que otros anden, pero realmente, cantaba bien el señor. Se ganó varias propinas de unas 8 mesas presentes. Votó su púa de la guitarra y me encantaron las palabras para su hijo: “Búsquela y recójala si puede, pero no toque el suelo”. La encontré y se las entregué. Tan lindo ver a alguien amar a otro y ser uno en su necesidad y buscar proveer para la familia.


Hasta una amiga cachó – como decimos en Guatemala cuando alguien es salpicado con una bendición inesperada –. Acaba de dar a luz a un pequeño niño llamado Caleb. Mi esposa le escribió y le pasó dejando después atol de elote y tres tipos de rellenitos pues ahora los rellena de todo.

A la noche compartí en Instagram y en Facebook unas fotos de tremendos platos. Y, además, de los alrededores del mercado – para verlos dé clic en los enlaces –. Muchos comentaron las fotos. Los chapines que viven Guatemala antojados por ir y de seguro, algunos esta semana visitarán el lugar. Ya que expresaban que tenían tanto tiempo de no ir.

Pero los comentarios que más me impactaron son de los que viven lejos en otro país y al ver las fotos, extrañan su tierra. “Me encanta!! Cuando llegue a Guatemala es uno de los lugares que quiero ir a comer, era uno de mis favoritos. Bendiciones”, “Que ricoooo!!!! Como extraño mi Guate!!!!”, “Se extraña!!!”, “Que rico!!! Los domingos después De la Iglesia eran para ir a comer tostadas, atolito, arroz con leche y rellenitos. Extraño a mi Guate”

Cuando se vive lejos del hogar y se recuerdan las comidas típicas se extraña tanto. Y queda el anhelo de un día volver a probarlo. Especialmente en la tierra en donde una nació, creció y tiene gratos recuerdos. Y es que nunca es sólo el plato típico, es lo típico que lo acompaña: la familia, los buenos amigos y los recuerdos mientras creamos nuevos.

Aquí en esta tierra al conocer a Dios saboreamos la paz, el amor, la justicia, pero nada se compara a la plenitud que viviremos en el cielo. Usted y yo somos extranjeros y peregrinos en esta tierra. Nuestra ciudadanía es celestial. Recordar los platos típicos de la nación que se extraña da nostalgia y esperanza. Tranquilo, lo bueno de esta tierra sólo es una probadita de lo pleno que será el cielo.

Cada uno de nosotros salimos del corazón de Dios. Y tenemos una promesa de un cielo nuevo y de una nueva tierra en donde no hay ni Coronavirus, ni mentiras, ni injusticias, ni muerte, ni llanto, ni dolor. No lo hemos visto, pero el discípulo Juan lo vio y por orden de Jesús escribió todo lo que vio en el Apocalipsis. Ni lo mejor de este mundo, se compara a lo que veremos allá.

Sabemos que sin importar qué suframos en esta tierra, nos espera la gloria eterna. Lugar en el que ya no hay sol, porque Dios ilumina con su presencia. He creído en Jesús como mi paz con Dios, el justo que murió por nosotros los injustos. Y espero ese lugar y lo deseo para mi familia, amigos y desconocidos. Y es que es la esperanza. Jesús reinando con justicia y todos viviendo en paz.

Ese lugar en donde el segundo Adán, Jesús, el que nunca conoció pecado y fue justo, se fue a prepararnos un lugar. Y no sólo lo disfrutaremos solos, sino en medio de la comunidad de fe que Dios ha provisto en esta tierra, en donde juntos adoraremos al Padre Dios y estaremos completos. No habrá carencia de nada porque le tenemos.

Mientras tanto, todo el que se arrepiente de sus pecados y cree en Jesús para salvación, aunque este solo en cualquier nación, no estará solo. Encontrará esa familia espiritual que Dios da al adoptarnos como sus hijos pues no estamos huérfanos. Dejamos el mundo para abrazar el amor inigualable de una familia espiritual en donde todos somos hermanos en Cristo. Seamos esa familia.

A los que viven lejos de su patria, ánimo. Brillen en donde viven. No olviden sus raíces, pero, sobre todo, la raíz de la fe en Cristo. Su paz sea con todos nosotros, aquí, allá y, sobre todo, cuando lleguemos al cielo. El lugar de reunión de todos los santos en Jesús, en donde como familia, habitaremos para siempre en el nuevo y verdadero Jardín del Edén. Amén…

“Después vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían dejado de existir, lo mismo que el mar. 2 Vi además la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, procedente de Dios, preparada como una novia hermosamente vestida para su prometido. 3 Oí una potente voz que provenía del trono y decía: «¡Aquí, entre los seres humanos, está la morada de Dios! Él acampará en medio de ellos, y ellos serán su pueblo; Dios mismo estará con ellos y será su Dios. 4 Él les enjugará toda lágrima de los ojos. Ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de existir».” La Biblia en Apocalipsis 21:1-4

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