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Los seres humanos como que debimos haber nacido con un rótulo en el pecho y otro en la espalda que dijera “frágil”. Cuán frágiles somos.

Nacemos y si no hubiera sido por nuestra mamá, todos estuviéramos muertos. Nacemos tan frágiles que necesitamos de alguien que nos cuide, hasta que podamos valernos por nosotros mismos.

Nacemos tan frágiles, que aprendemos del ejemplo de los de arriba. Un mal ejemplo y sin saberlo, estamos convirtiéndonos en fieras salvajes que amenazan la paz de la sociedad. Un buen ejemplo y podemos convertirnos en gente empática, amorosa, con sueños, pero sin deseos de pisotear a los demás para alcanzarlos.

Somos tan frágiles, que un solo golpe en el cuello o en la cabeza y nos despedimos de este mundo. ¿Qué es lo que nos habla esta fragilidad?

La fragilidad humana nos dice que necesitamos a los demás

“Más valen dos que uno, porque obtienen más fruto de su esfuerzo. Si caen, el uno levanta al otro. ¡Ay del que cae y no tiene quien lo levante! Si dos se acuestan juntos, entrarán en calor; uno solo ¿cómo va a calentarse? Uno solo puede ser vencido, pero dos pueden resistir. ¡La cuerda de tres hilos no se rompe fácilmente!” La Biblia en Eclesiastés 4:9-12

La fragilidad humana nos recuerda que nos necesitamos unos a otros. Este mundo no existe para ser vivido solo, sino para ser vivido en comunidad. Y es que más valen dos que uno.

En un accidente, los heridos no pueden valerse por sí solos. Los bomberos y las sirenas acercándose llevan el mensaje de esperanza. Un mensaje que no ve raza, ni posición social sino solidaridad. La ambulancia asiste porque un ser humano está en peligro. Pero el mismo piloto de la ambulancia, un día en necesidad necesitará de otro piloto. Bien se dice: “Hoy por ti, mañana por mí”.

No es que hagamos el bien para que mañana nos hagan el bien. Es que somos llamados a hacer el bien sin importar el bien o mal que otros nos hagan. Porque nos mueve la empatía, la compasión, el amor.

Ese fue el ejemplo que recibimos de Cristo. Jesús murió en la cruz para comprar con sangre el perdón de los pecados hasta de los que lo clavaron en la cruz. Jesús no murió por lo que le hicieron el bien, murió hasta por los que le hicieron el mal. Jesús murió por todo pecador y ganó todo para el cree, sea o no sea discípulo, porque al final de cuentas todos somos pecadores, condenados a muerte eterna y necesitados de la salvación que sólo Jesús da.

La fragilidad humana nos dice que necesitamos a Dios
Algunos le llaman fuerza superior, los cristianos le llamamos Dios, el Creador del Universo. Santo en su esencia, amoroso hacia su creación. Perfecto en sus designios, misericordioso ante el pecador arrepentido, justo ante el pecado.

Cuando el ser humano en su fragilidad, topa de ayudar a su prójimo en su fragilidad, la misma fragilidad nos está llevando a dejar de poner la mirada horizontalmente y a mirar verticalmente hacia el cielo.

Cuando el suelo no salva, sólo queda el cielo. Muchos que negaron a Dios y vivieron como si fueran su propio dios, hoy proclaman la realidad del Todopoderoso y viven para honrarlo. Todo, porque en un momento de fragilidad la salvación horizontal topó y no quedó otra más que ver al cielo.

Sepa que aún los momentos más difíciles de la vida, llevan un mensaje silencioso en medio de todo el caos que presentan y es: Dios existe y le necesitas. Necesitamos a nuestro prójimo, pero la suma de todos los prójimos, necesitamos a Dios.

La fragilidad de la vida se revelará en nuestros cuerpos cada vez más afectados por la vejez, hasta que llegue el día de nuestra muerte. Qué cuento tan triste y sin esperanza alguna es más que nacer para morir. El Dios de la Biblia nos recuerda que hay eternidad en un nuevo mundo con cielo nuevo y tierra nueva donde todo es perfecto.

Disfrutemos esta tierra al máximo. Amemos a nuestro prójimo. Pero no vivamos sin escuchar los gritos silenciosos de la fragilidad humana, hay algo más grande que nosotros y que podemos conocerlo sólo porque se reveló a sí mismo en la Biblia y por último en la plenitud de su Hijo Jesús. Por eso la importancia de correr y leer el Libro donde encontramos el camino, la verdad y la vida, La Biblia.

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Cualquiera puede declarar: ¡Dios me habló! Pero, ¿Cómo es que nos habla Dios?

Dios habló y dijo: “Que sea la luz y la luz llegó a existir. Y separó el día y la noche. Dios consideró que la luz era buena y la separó de las tinieblas. A la luz la llamó «día», y a las tinieblas, «noche». Y vino la noche, y llegó la mañana: ese fue el primer día.” La Biblia Génesis 1:3-5

Dios habló cara a cara con Adán: “Dios el Señor tomó al hombre y lo puso en el jardín del Edén para que lo cultivara y lo cuidara, y le dio este mandato: «Puedes comer de todos los árboles del jardín, pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no deberás comer. El día que de él comas, ciertamente morirás».” La Biblia en Génesis 2:15

Dios habla y ha hablado a lo largo de la historia de la humanidad no una vez, sino muchas veces. Declaró la creación y esta fue. Declaró el mandamiento a Adán y este escuchó, aunque finalmente no obedeció, pero Dios habló. Declaró una promesa a Abraham, que por medio de él serían benditas todas las naciones de la tierra y así fue. Dios ha hablado muchas veces y de muchas maneras. Habló por medio de los profetas, quienes, de parte de Dios, llamaban al pueblo al arrepentimiento de pecados y a consagrarse al único Dios.

Es en el Nuevo Testamento, en donde aparece la cúspide de su hablar. El logos, el Verbo se hacía presente: “En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios.Él estaba con Dios en el principio. Por medio de él todas las cosas fueron creadas; sin él, nada de lo creado llegó a existir. En él estaba la vida, y la vida era la luz de la humanidad.Esta luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no han podido extinguirla.” La Biblia en Juan 1:1-5

Aunque Dios habló cara a cara con Adán, con Abraham y con Moisés. Y luego habló por medio de los profetas a lo largo de la historia de Israel, la cúspide de su hablar es Jesús, el Verbo.

El ser humano suele pensar en Jesús como un simple mortal. Un “iluminado” que habló sobre como portarse bien y sobre cómo ser una buena persona. Algo muy lejos, de lo que fue el corazón del mensaje de Jesús. Que su mensaje transforma, sí. Pero no comienza con la transformación. Comienza con la desobediencia de todo ser humano. ¿Cómo es entonces que Dios nos habla?


Para comenzar, Jesús, el Hijo, es quien habla de Dios y por medio de quién Dios nos habla. Jesús no es poca cosa, como muchos le consideran. Jesús es el heredero de todo de Dios, por medio de Jesús y su palabra, el universo que conocemos fue creado, es el resplandor de la gloria de Dios, la fiel imagen de lo que él es y todo lo que conocemos en este mundo, se sostiene por su poderosa palabra. Jesús es Dios, Jesús es el todo en todo. Lo que vemos es el resultado de su sola palabra.

Jesús apareció en escena como un mortal cuando nació de milagrosamente de la Virgen María, su Padre era Dios, su madre María. De su Padre, heredaba la naturaleza divina, de su madre, la naturaleza humana. Pero Jesús, aunque nació físicamente en la primera Navidad, siempre ha sido, siempre ha existido. El es el primero y el último. Por su palabra lo que vemos fue creado y por su palabra todo lo que vemos se sostiene. Jesús no es poca cosa, Jesús es todo en todo. Y, a través de Jesús es que Dios nos habla de manera perfecta y clara.

Dios nos habla por Jesús. Ver a Jesús es ver a Dios, porque de Dios salió y se rebajó al tomar la forma de ser humano. La Majestad en las alturas, ahora venía a las llanuras. La Majestad de las alturas, entregaba todo por la nada. ¿Qué nada? Quién es el hombre para que Dios piense en él. Y, sin embargo, no sólo pensó, el Hijo, murió en la cruz del Calvario con un propósito único. Era el elegido, el ungido, es decir, el Cristo y Mesías.

¿Cuál fue el propósito de su muerte? Hablar con un grito desgarrador al final de su vida mientras agonizaba en la cruz: “¡Consumado es!”. Su muerte pagó el precio de nuestra vida. El único santo – quien nunca cometió pecado y el único que pudo obedecer todos los mandamientos de Dios – moría por nosotros, los injustos, pecadores, malvados y quienes vivíamos en tinieblas.

La muerte de Jesús – por cuya palabra el universo fue creado y por cuya palabra todo lo que vemos se sostiene – tenía el propósito de purificarnos de todos nuestros pecados y darnos libertad de la esclavitud de vivir para obedecer a nuestros malos deseos, deseos que son tan engañosos. Porque prometen placer y traen dolor. Prometen lo que no cumplen y cumplen lo opuesto de lo que prometen.

Nuestro problema es el pecado, es la suciedad y la consecuencia de muerte de rebelarnos ante lo que Dios dice sí y nosotros decimos no. Es creer que somos todo poderosos cuando somos tan frágiles e impotentes. El problema de un niño de 3 años y después de comer, es la suciedad. Él no puede limpiarse solo, siempre por mucho esfuerzo que ponga, quedará sucio. Necesita de alguien para ser limpiado. Nosotros necesitamos a Cristo. Todos estamos manchados por el pecado. Pero Jesús al morir en la cruz, efectuó sobre nosotros, la purificación de nuestros pecados.

Manos manchadas con miel. Ningún trapo seco puede limpiar la miel de nuestras manos. Se necesita el agua que limpia. Jesús es el agua que purifica, es el nuevo sentir, ver, oler y pensar de una nueva vida libre de culpa de pecados, libre de una conciencia acusadora, libre del poder de la vergüenza que pecar produce. Jesús es el todo – Dios encarnado – que da el todo por purificar a sus hijos, la nada en comparación a su gloria. Limpia para que vivamos libres para amarlo.

Manos manchadas con miel. Ningún trapo seco puede limpiar la miel de nuestras manos. Se necesita el agua que limpia. Jesús es el agua que purifica el alma. Clic para tuitear

Ante nuestro pecado nada podemos hacer, sino reconocer que Jesús quien resucitó, fue exaltado a un lugar único. Sentado en el lugar de más alto honor en las alturas a donde ninguno de nosotros puede llegar. Sentado en el lugar de más alto honor, que representa el estar sentado a la derecha de Dios en las alturas. Al lado de Dios, la Majestad, el inigualable, el que no necesitó creador porque es el Creador. Sólo reconociendo la grandeza y la Majestad del Padre y del Hijo y la misión de Jesús de salvarnos y purificarnos ante el Dios santo, da vida y habla de amor. La cruz grita salvación. Crea…

Jesús no es poca cosa. Jesús es superior a todo, incluso a la suma de todos los ángeles. Ni licuándolos a todos llegamos al estrado donde Jesús coloca sus pies. Su nombre supera en excelencia al de los ángeles.

El propósito de Jesús era hablar por el Padre Dios. Hablar de su amor y salvación de los pecados por el único camino posible ante el imposible de un ser humano de hacer las paces con Dios. Porque el que no toma en cuenta a Dios, es un enemigo. Ignore a otra persona abiertamente y no será neutral. El que no es con Jesús, contra él es. Ignore a una persona y tendrá un enemigo. Sígala ignorando y tendrá a un enemigo. Salúdela y recibirá la respuesta de un enemigo. Una vez enemigo, enemigo. El que peca, por su pecado, se convierte en enemigo de Dios. Pero Jesús habla de amor. El perfecto que nunca pecó, murió por los imperfectos que hemos pecado y pecado, para declararnos justos. Porque el justo moría por los injustos, esto es amor. Jesús ganaba todo para nosotros y nada para sí, más que el ser obediente al Padre.

En estos días, el ser humano anhela escuchar la voz de Dios. Anhela que alguien le dé una palabra que le dé paz y certeza a su futuro. Dios dio a la Palabra, a Jesús, para que fuera su voz, anunciando gracia – favor inmerecido –, misericordia – pasar por alto el castigo –, amor sacrificial – el amor que no ama porque se siente sino porque lo decide voluntariamente y se sacrifica – y esperanza eterna – vida eterna a todo el que en él cree –.

¿Anhela que Dios le hable? Conozca al Hijo. El es la fiel imagen de lo que Dios es. Jesús es el resplandor de la gloria de Dios. Y cuando le conocemos en su misión salvadora, creemos y obedecemos su llamado al arrepentirnos de nuestros pecados, es entonces y sólo entonces, que hemos escuchado al mismo Dios diciéndonos: “En tu pecado estás condenado. Mi santidad te aplastará y destruirá. Pero mi Hijo, Jesús, es la purificación de los pecados de todo el que cree. Cree en mí, cree en mí y recibe el perdón de pecados por la fe y mi Espíritu Santo habitará en ti siempre. Como garantía que me perteneces. Jesús y su muerte en la cruz, es tu paz conmigo. Esa paz no se obtiene con esfuerzo, se recibe por el esfuerzo y la obra de mi Hijo”.

Jesús es la voz anunciando gracia – favor inmerecido –, misericordia – pasar por alto el castigo –, amor sacrificial – el amor que no ama porque se siente sino porque lo decide voluntariamente y se sacrifica – y esperanza eterna. Clic para tuitear

Que Dios le hable en Jesús. Lea uno de los cuatro evangelios: Mateo, Marcos, Lucas o Juan. Yo comenzaría por el libro de Juan. Lea por completo el libro de Hebreos. Busque leer el Antiguo Testamento a través de los ojos de Jesús como la clave para entender todo lo que Dios hizo con su pueblo Israel. Pero, sobre todo, comprenda que Jesús vino para salvar y sanar lo que se había perdido. Y yo estaba perdido y le encontré. Hoy vivo en él y nada habla más a mi vida de Dios, que Jesús. He sido purificado en Jesús, libre para honrarlo, libre para amarlo, porque su amor sacrificial, derrite mi corazón.

Gloria al Hijo, porque resucitado por Dios, hoy está sentado a la derecha de la Majestad en las alturas. No está sentado pasivamente, intercede por nosotros. ¿Quiere escucha a Dios? Escuche a su Hijo, Jesús…

“Dios, que muchas veces y de varias maneras habló a nuestros antepasados en otras épocas por medio de los profetas, en estos días finales nos ha hablado por medio de su Hijo. A este lo designó heredero de todo, y por medio de él hizo el universo. El Hijo es el resplandor de la gloria de Dios, la fiel imagen de lo que él es, y el que sostiene todas las cosas con su palabra poderosa. Después de llevar a cabo la purificación de los pecados, se sentó a la derecha de la Majestad en las alturas. Así llegó a ser superior a los ángeles en la misma medida en que el nombre que ha heredado supera en excelencia al de ellos.” Hebreos 1:1-4

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Conseguir una cita con un Presidente no es fácil. Más aún, si sólo es para pedirle algo. Con Dios, todo es tan distinto. Sólo debemos elevar una oración y listo. El nos escucha. Pero ¿Cómo es que nos habla Dios a nosotros?

¿Qué pasaría si pudiéramos escuchar audible y claramente a nuestro Dios?, ¿Qué sería de nuestras vidas, relaciones y futuro?, ¿Cuánto sería diferente en su vida si ahora mismo pudiera escuchar a su Dios hablarle directamente?

Sí, al sabio Salomón – el tercer rey de Israel y, quien pidió a Dios sabiduría y él se la otorgó – llegaban a visitarlo para conocer y confirmar su sabiduría, como aquella reina: “La reina de Sabá se quedó atónita al ver la sabiduría de Salomón y el palacio que él había construido, los manjares de su mesa, los asientos que ocupaban sus funcionarios, el servicio y la ropa de los camareros, las bebidas, y los holocaustos que ofrecía en el templo del Señor. Entonces le dijo al rey: «¡Todo lo que escuché en mi país acerca de tus triunfos y de tu sabiduría es cierto! No podía creer nada de eso hasta que vine y lo vi con mis propios ojos. Pero, en realidad, ¡no me habían contado ni siquiera la mitad! Tanto en sabiduría como en riqueza, superas todo lo que había oído decir. ¡Dichosos tus súbditos! ¡Dichosos estos servidores tuyos, que constantemente están en tu presencia bebiendo de tu sabiduría! ¡Y alabado sea el Señor tu Dios, que se ha deleitado en ti y te ha puesto en el trono de Israel! En su eterno amor por Israel, el Señor te ha hecho rey para que gobiernes con justicia y rectitud». Luego la reina le regaló a Salomón tres mil novecientos sesenta kilos de oro, piedras preciosas y gran cantidad de perfumes. Nunca más llegaron a Israel tantos perfumes como los que la reina de Sabá le obsequió al rey Salomón.”  1 Reyes 10:4-10 Si escuchar al sabio Salomón, un simple mortal fue impresionante ¿Cuánto mayor sería escuchar a nuestro eterno y omnipotente Creador hablarnos a nosotros?

Recientemente, en uno de los mensajes que escuchaba el predicador dijo: “A Dios se le escucha con los ojos”. La alusión era a que Dios nos ha dejado en la Biblia la revelación de su persona, su voluntad y de su trato con la humanidad desde Adán y Eva, su caída, la elección y la promesa a Abraham, la elección de Jacob – a quien le cambió el nombre por Israel y de quien sus 12 hijos provienen las 12 de tribus de Israel –, la elección de David como rey y de la promesa que un rey descendiente de David ocuparía eternamente su trono, Jesús. Quien gobernaría con justicia eternamente y sería el salvador – Mesías o Cristo prometido –.

Dios sigue hablando y nos sigue hablando cada día por medio de su Palabra. Lo único que tenemos que hacer es abrirlo diariamente y pedirle a Dios que nos muestre su voluntad para nosotros.


La Biblia no es sólo un libro histórico, es un libro histórico que está vivo, porque continúa haciendo historia en el que lo lee, cree y vive para el Creador, por medio del único mediador, Jesucristo.

Alguien dijo: “La Biblia es el único libro que cuando lo leemos, su autor está presente con nosotros”. Sobre este tema, John Piper preguntó y respondió: “¿Quieres escuchar hablar a Dios? Lee la Biblia en voz alta”.

Es la lectura y la memorización diaria de las Escrituras la que nos da esperanza. Mientras más pensamos en nosotros mismos, más nos llenamos de nuestro egoísmo y de todos los tropiezos a los que por naturaleza gravitamos constantemente. Pero cuando leemos la Biblia, nos llenamos de esperanza y de amor. Sólo ella tiene el poder de transformar la vida de todo ser humano, a través del tema unificador de principio a fin, Jesús.

A Dios se le escucha con los ojos. ¿Cuándo y cómo lo escuchará cada día? Esa es la pregunta que debe llevarnos a la acción, al hábito y a la herencia de la búsqueda diaria a nuestros descendientes.

“Desde tu niñez conoces las Sagradas Escrituras, que pueden darte la sabiduría necesaria para la salvación mediante la fe en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia, a fin de que el siervo de Dios esté enteramente capacitado para toda buena obra.” 2 Timoteo 3:15-17

La Biblia no es sólo un libro histórico, es un libro histórico que está vivo, porque continúa haciendo historia en el que lo lee, cree y vive para el Creador, por medio del único mediador, Jesucristo. Clic para tuitear

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