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Evelyn, mi hija número 3 de 4, estaba jugando futbol en el jardín del condominio. De pronto, inspirada por Messi, le dio un pelotazo que pasó sobre la baranda que pusieron los vecinos que viven a la par del campito y ¡pum! Quebró dos vidrios. Dos de cuatro paletas en un baño.

Se disculpó con los señores de la casa y les dijo que nosotros nos haríamos responsables de reponérselos. Hoy temprano, salí con un vidrio de muestra a comprar no dos, sino cuatro paletas. Ya que el color por ser nuevo cambiaba. Ya están colocadas y ojalá que ya no a la espera de otro Messi en plena adolescencia que las quiebre de nuevo.

Mientras esperaba en la vidriería a que cortaran los vidrios a la medida requerida y lijaran los extremos para que no tuvieran filo, me puse a observar todo lo que tenían allí. Es una vidriería que la dueña me contó que tiene 20 años. Entre todos los espejos, cuadros y fotos enmarcados, encontré unos títulos de la universidad.

Uno de ellos era del año 1,995 de la USAC, la Universidad San Carlos de Guatemala. Quedaron de llegar por él, el 19 de noviembre del 2020, pero allí estaba a la espera que el dueño regresara. También me encontré dos títulos más del mismo estudiando. Uno del titulo de Ingeniería y el otro de una maestría.

Los nombres y apellidos del alumno, precisamente me recordaron a un niño que ahora es un adulto y que hasta hace unos dos años se congregaba en La Fráter. Así que lo llamé y nada. No contestó. Más tarde me devolvió la llamada y le pregunté si sus dos nombres eran estos y sus dos apellidos estos otros.

No entendía hacia dónde iba, le dije que ya le teníamos sus títulos de Ingeniero y de Magister en la vidriería. Se soltó la carcajada. Trabajo tan cerca de la dueña, pero todavía no me ha informado que ya estaban. Platicamos un rato y nos despedimos.

El otro título enmarcado que era del año 1,995 y que en 11 días cumplirá 4 meses de estar listo, está esperando que su dueño lo recoja. Cuantas cosas tenemos que hacer hoy y las dejamos al tiempo, y más al tiempo y más al tiempo, cuando venimos a darnos cuenta han pasado incluso años y no hemos lo que debíamos hacer.

Cuántas cosas que sabemos que, si hacemos hoy, nuestra vida espiritual, física, económica, amorosa, social y laboral, sería transformada por completo. Pero a veces, somos dejados como decimos en Guatemala. No le ponemos fecha y allí siguen.


Un inodoro al que se le va el agua y nunca arreglamos. Un trámite pendiente, que nunca hacemos. Una tarea que debemos entregar y olvidamos. Un cheque que debemos depositar y primero pasan seis meses y ya no se puede ni depositar ni cobrar. Una llamada que queremos hacer, pero primero la persona fallece.

Ser dejado no produce nada bueno, sino dolor y destrucción. Ser dejado es primo hermano de la negligencia. “El que es negligente en su trabajo confraterniza con el que es destructivo.” La Biblia en Proverbios 18:9 El negligente confraterniza con el destructivo. ¡Wow! ¿En qué cosas debe dejar de ser negligente? El negligente es todo aquel que no cumple con sus obligaciones o encargos.

Ser diligente es todo lo contrario. Si el negligente confraterniza con el destructivo, el diligente confraterniza con el constructivo. Donde existe alguien diligente, existe la satisfacción del logro, del cumplimiento las obligaciones y los encargos.

Alguien puede ser un profesional negligente o diligente. Pero el diligente tiene futuro. El negligente excusas y culpables. “¿Has visto a alguien diligente en su trabajo? Se codeará con reyes, y nunca será un don nadie.” Proverbios 22:29

¿Qué pasará con el diligente en su trabajo? Se codeará con reyes, y nunca será un don nadie.

Este mundo está lleno de personas que aman las excusas, el culpar a otros y el contar cuentos de hadas que los eximen de su responsabilidad. Pero aquellos que son diligentes, día a día suben una grada hacia el aprecio, respeto, aprobación y promoción en donde quiera que estén.

El negligente es una carga, el diligente un alivio. Al negligente hay que andarle recordando, el diligente recuerda. El negligente necesita supervisor, el diligente trabaja solo. El negligente piensa y no hace, el diligente se compromete y cumple. La diferencia entre el negligente y el diligente no está en la tarea, está en el cumplimiento de la tarea.

Ser dejado no produce nada bueno, sino dolor y destrucción. Ser dejado es primo hermano de la negligencia. El negligente confraterniza con el destructivo y la vez, deshonra a Dios. Clic para tuitear

Los cristianos somos llamados a ser diligentes en todo tiempo y lugar. ¿Por qué? Porque todo lo que hacemos lo hacemos primero para Dios. El calibre de la diligencia que Dios espera de nosotros en todos los ámbitos de esta tierra, es cumplimiento total.

Por eso el apóstol Pablo escribió: “Y todo lo que hagan, de palabra o de obra, háganlo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios el Padre por medio de él.” La Biblia en Colosenses 3:17 y “Hagan lo que hagan, trabajen de buena gana, como para el Señor y no como para nadie en este mundo, conscientes de que el Señor los recompensará con la herencia. Ustedes sirven a Cristo el Señor. El que hace el mal pagará por su propia maldad, y en esto no hay favoritismos.” La Biblia en Colosenses 2:23-25

Un cristiano también brilla con buenas obras cuando es el mejor trabajador de su empresa. No por el tipo de jefe que tiene, ya que este puede ser el peor de todos, pero él es el mejor, porque trabaja para el Señor y como todo lo hace como para Dios, en el nombre de Dios y de buena gana, es el mejor.

Su vida la vive para honrar a Dios y no para honrar a los hombres. Y como honra a Dios, honra también a los hombres, a su puesto, a su familia y al resto. Ser luz no consiste sólo en hablar de Cristo, consiste también en hacer todo como para Jesús. Y eso abre las puertas, para hablar de Cristo.

Que la marca de nuestro trabajo sea la excelencia y la diligencia total. Porque en nuestros corazones hay agradecimiento al saber, que ni las mejores obras de esta tierra, pueden salvarnos de nuestros pecados, porque una vez pecadores, siempre pecadores. Pero el único perfecto y justo, Jesús, murió en la cruz por nuestros pecados.

El negligente es una carga, el diligente un alivio. Al negligente hay que andarle recordando, el diligente recuerda. El negligente necesita supervisor, el diligente trabaja solo. El negligente piensa, el diligente hace. Clic para tuitear

Habiendo recibido esta gracia inexplicable. Vivimos bajo la óptica de una deuda eterna con el Padre, con el Hijo y con el Espíritu Santo. ¿Negligente o diligente?, ¿Para dónde va? Y ¿Qué necesita para cambiar?

Una obligación o un encargo que se cumple. No sólo honra a otros, a nosotros, sino también a Dios. Y esas buenas acciones, apuntarán al Padre. A la carga, ejército de diligentes en busca de la santidad en todo lugar. Porque nuestro trabajo grita gratitud ante Dios por la vida, la salvación y la promesa de la vida eterna.

Ojalá pronto el dueño de ese título universitario de 1,995 sea diligente y llegue por él, porque ya lleva casi 4 meses de dejadez… Si usted es el dueño, perdóneme, todos hemos sido dejados, pero tenemos la oportunidad cada día, de ser diferentes y de honrar a Dios y a nuestro prójimo al construir con diligencia y no al destruir con negligencia.

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