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Jesús dijo: “Dichosos los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.” La Biblia en Mateo 5:9

¿Qué significa esto para nosotros? Especialmente a luz de muchos países de América, en donde constantemente vemos ahora manifestaciones – muchas con un descontrol social exagerado – en contra del gobierno de turno. Tal como fue el caso la quema del metro en Chile en octubre del año pasado, en donde según algunos, las pérdidas ascienden a $ 300,000,000 de dólares americanos.

Y es que, no basta creer en Jesús para ir al cielo. Bien dice la Biblia: “¿Tú crees que hay un solo Dios? ¡Magnífico! También los demonios lo creen, y tiemblan.” Santiago 2:19 Los demonios creen y tiemblan, pero viven en abierta rebelión ante Dios. Su fe en Dios no le salva, es la fe que obra en usted una transformación.

No basta con creer en Jesús. Es necesario experimentar un proceso de tristeza profunda en cuanto a nuestra vida pecaminosa, en donde el Espíritu Santo nos convence de pecado y nos lleva al arrepentimiento.

Cuando nos arrepentimos de nuestros pecados, Dios transforma nuestras vidas por completo. Tenemos un cambio de pensamiento – de donde surgen nuestros sentimientos y la voluntad – que nos lleva a amarlo con todo el corazón y a ser transformados.

Toda la vida batallamos con nuestra naturaleza pecaminosa, esta tiende hacia el mal y se rebela contra la voluntad perfecta de Dios. Alguien dijo que es como tener un perro blanco y un perro negro en nosotros. Y al que alimentemos más, ese nos dominará. ¿Cuándo somos libre de esa naturaleza pecaminosa? El día que morimos.

El arrepentimiento y la fe en Jesús para salvación, es lo que obra un cambio en nosotros. Parte de esa transformación es en nuestra actitud hacia otros. Nuestra naturaleza pecaminosa, siempre nos lleva a la guerra. Pero Jesús enseñó en el Sermón del Monte algo sobre esta transformación que tienen aquellos que experimentan la salvación, por lo que son llamados dichosos. “Dichosos los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.” La Biblia en Mateo 5:9

El llamado de todos los creyentes en el mundo entero es a trabajar por la paz. Sí, podemos estar en desacuerdo con el presupuesto aprobado de nuestra nación, manifestar pacíficamente y asegurarnos que dicho presupuesto esté más apegado a suplir las necesidades nacionales como a reducir al mínimo la cantidad de préstamos. Tal y como fue el tema y el origen de la manifestación en nuestra Guatemala este fin de semana.

El llamado de todos los creyentes en el mundo entero es a trabajar por la paz. Clic para tuitear

Hubo una manifestación en Guatemala a la que muchos asistieron pacíficamente. Pero otros, prendieron fuego al Congreso de la República, el cual entiendo, fue apagado y desconozco los daños. Hubo arrestos y más. Manifestemos, pero trabajemos por la paz. Tanto en nuestro hablar, como en nuestro actuar. Podemos estar en desacuerdo y hablar con respeto, manteniendo la paz. O podemos perder los estribos, insultar, denigrar y crear un caos lleno de violencia y más.

Dios es llamado el Dios de paz (Romanos 15:33). El no se complace en la muerte del malvado, sino más bien quiere que abandone su mala conducta y viva (Ezequiel 18:23). Por nuestra desobediencia nos convertimos en enemigos y experimentamos la ira santa de Dios, pero el Dios de paz, envió a Jesús, el único justo a morir por nuestros pecados para que tuviéramos por medio de Jesús la paz con Dios y la paz de Dios (Romanos 5:1).

Un empresario en Guatemala tuiteó: ““En política, nada sucede por accidente. Si sucede, puede apostar que fue planeado de esa manera” Franklin D. Roosevelt.

Seamos sabios. No nos desenfoquemos del tema que hizo surgir la manifestación en la que la mayoría de guatemaltecos fueron a protestar de manera pacífica, esperando que nuestro Presidente Alejandro Giammattei, realice un veto del mismo o pida las modificaciones.

La represa por el tema del presupuesto se soltó. El río corrió. Que irrigue vida y no muerte. Unión y no destrucción. Y que todos nosotros trabajemos por la paz y seamos llamados hijos de Dios.

Oremos por Guatemala, por el Presidente, por el Congreso, por la oposición y porque todo guatemalteco mano a mano, desde su trinchera, trabaje para construir y no para destruir, esta bella nación en la que nos ha tocado nacer.

El llamado final es este, busquemos solucionar los problemas y no utilizar los problemas para destruir los gobiernos, el patrimonio cultural y la unidad nacional que se manifiesta en una cultura de amor y solidaridad. Porque los que trabajemos por la paz, porque Dios ha operado en Jesús un cambio en nuestros corazones, seamos llamados, hijos de Dios.

Y que esto, se replique en toda América y el mundo entero. Y la paz, reine en nuestras naciones. Pero sobre todo, que la paz de Dios por medio de Jesús, reine en nuestros corazones y en donde quiera que estemos, trabajemos por la paz… Porque sus mandamientos siempre buscan la paz con Dios y la paz con nuestro prójimo.

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Con lágrimas en sus ojos se sentó frente a mi escritorio. Su nuevo trabajo implicaba ser parte de la escena de crimen. Por primera vez se había expuesto a la muerte y a tantos cadáveres. Su miedo, no era tanto qué le podría pasar a él. Era qué le podría pasar a su familia. Su conclusión: somos como muñecos. Se refería a lo frágiles que somos y que tantas cosas pueden terminar con nuestra vida.

¿Qué somos nosotros? El apóstol Santiago escribió: “Ahora escuchen esto, ustedes que dicen: «Hoy o mañana iremos a tal o cual ciudad, pasaremos allí un año, haremos negocios y ganaremos dinero».¡Y eso que ni siquiera saben qué sucederá mañana! ¿Qué es su vida? Ustedes son como la niebla, que aparece por un momento y luego se desvanece. Más bien, debieran decir: «Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello».” La Biblia en Santiago 4:13-15

Somos como la neblina, que aparece y desaparece. Así es la vida. Esto no debe llevarnos a la desesperanza. Es cierto, todos nacemos con fecha de expiración. El día de nuestra muerte llegará. Pero el saber que moriremos debe llenarnos de humildad para reconocer que existe un Creador, Dios, quien ha preparado un mundo mejor: un nuevo cielo y una nueva tierra en donde habitan la justicia.

El día de nuestra muerte llegará. Pero el saber que moriremos debe llenarnos de humildad para reconocer que existe un Creador, Dios, quien ha preparado un mundo mejor: un nuevo cielo y una nueva tierra en donde habitan la justicia. Clic para tuitear

Con la presencia del Coronavirus en América, la vida ha cambiado. En mi país Guatemala, se suspendieron todas las reuniones públicas de más de 100 personas. Se suspendieron las clases de todos los centros educativos públicos y privados tanto en los colegios como en las universidades. Se cancelaron todas las actividades religiosas durante la Semana Santa. Todos debemos mantener la calma y cooperar al seguir las disposiciones de nuestros gobiernos.

Pero además de cooperar, debemos orar. La oración no es verbalizar nuestros sueños al aire. Es hablar al Dios Todopoderoso quien es, quien siempre ha sido y quien siempre será. Dios quien no fue creado, que es Santo y digno de gloria. Orar es descansar en él.

La oración no es verbalizar nuestros sueños al aire. Es hablar al Dios Todopoderoso quien es, quien siempre ha sido y quien siempre será. Dios quien no fue creado, que es Santo y digno de gloria. Orar es descansar en él. Clic para tuitear

El apóstol Pablo le escribió a Timoteo su hijo en la fe “No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.” La Biblia en Filipenses 4:6-7

El Coronavirus nos recuerda lo frágiles e impotentes que somos todos en esta creación y también lo Todopoderoso que es Dios nuestro Señor. Pero debemos confiar. Jesús antes de ser arrestado y crucificado les dijo a sus discípulos: “Miren que la hora viene, y ya está aquí, en que ustedes serán dispersados, y cada uno se irá a su propia casa y a mí me dejarán solo. Sin embargo, solo no estoy, porque el Padre está conmigo. Yo les he dicho estas cosas para que en mí hallen paz. En este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo.” Juan 6:32-33

Es en Jesús en quien hallamos paz.

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Confiemos en Jesús, aquel que venció al mundo al vivir en medio de la tentación a jamás pecar. Jesús, el justo.

Confiemos en Jesús, aquel que murió en la cruz, para aplacar la ira justa de Dios contra el pecado, reconciliándonos así con el Padre Dios.

Confiemos en Jesús, aquel que, a pesar de haber muerto en la carne, al tercer día Dios lo resucitó y hoy está sentado en el lugar de más alto honor en el cielo. Y su promesa es que regresará, para llevarnos al cielo en donde no hay muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor.

El perdón de Dios en Jesús está al alcance de todo pecador que se arrepiente de sus pecados, los confiesa y se aparta. Para vivir ahora consagrado a la voluntad del Padre, no dando rienda suelta a las pasiones que habitan en nosotros. Usted hoy puede venir a Cristo. Y no sólo tener la certeza de sus pecados perdonados, sino de su nombre escrito en el libro de la Vida.

Ya sea este año o algún día. Seremos la noticia que hemos partido al más allá. Vivamos con la mirada puesta en Jesús, muramos con la mirada puesta en él. Porque somos tan frágiles, pero en Jesús hallamos paz: perdón de pecados, nueva vida, fortaleza en medio de la angustia y promesa de resurrección. Dios bendiga a Guatemala y al mundo entero… Y que nuestra fragilidad e impotencia, nos lleve a alzar los ojos al cielo de donde viene nuestro socorro.

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