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Quiero servir completamente entregado a la obra de Dios. Esta fue la afirmación que un joven me hizo y quien está en sus veintes. El propósito de la reunión era simple, quería un consejo.

Cristo es nuestra cabeza y nosotros el Cuerpo de Cristo. Como familia espiritual, somos llamados a servir a Dios. Por lo que definir servicio, es lo primero que tenemos que hacer.

¡Qué tan rápido podemos engañarnos! El servicio no es un horario en una iglesia, es una vida rendida a Dios. Mi primer consejo a este joven fue: busca la santidad. Servir a Dios es rendir nuestra vida por completo a él. Es darle la espalda al pecado y consagrarnos completamente a él.

Servir a Dios requiere dejar de servir a otros dioses – con minúscula -, cualesquiera que estos sean en nuestros corazones: avaricia, envidia, placer, egoísmo, etc. Antes de servir a Dios en la iglesia, en un ministerio o en cualquier otro lugar, debemos servirle a Él. Bien se dijo: “El obedecer vale más que el sacrificio, y el prestar atención, más que la grasa de carneros.” La Biblia en 1 Samuel 15:22b

Hace mucho leí una frase de un autor que decía: “Nunca se encuentre sirviendo en la obra de Dios, sin ser un hombre de Dios”. Cada vez que quebrantamos un mandamiento, estamos sirviendo a otros dioses. Y debemos arrepentirnos inmediatamente y levantar muros que nos salvaguarden de la tentación. Dios es misericordioso y justo. Nos perdona y demanda obediencia.

Sin santidad nadie verá al Señor. Somos llamados a consagrar nuestras vidas y esto no comienza en lo público, comienza en lo privado. Nuestro tiempo de oración, de lectura de su Palabra, de reflexión a lo largo del día en lo que leímos y compartirlo, de vivir conscientes que Dios nos observa 24/7 y para él vivimos. Dios observa nuestras vidas y conoce hasta las intenciones del corazón.

¡Qué tan rápido podemos engañarnos! El servicio a Dios, no es un horario en una iglesia, es una vida rendida a Él. Clic para tuitear

En segundo lugar, animé al joven a capacitarse en todas las áreas de su vida y no sólo en el área en el que deseaba servir. Comenzando por supuesto, por capacitarse en el estudio de la Escritura. La revelación de Dios y la fuente de la verdad.

Pero no debe terminar con capacitarse sólo en la Escritura. Si fuéramos un machete, de la calidad del filo del mismo, así también sería nuestro servicio. Somos llamados a afilar nuestro machete para que nuestros talentos glorifiquen a Dios. Y el machete, lo componen todas las áreas de nuestra vida.

Lo animé a aprender a hablar en público, a organizarse, a manejar bien sus finanzas. En fin, todo aquello que nos servirá para servir a Dios con mayor excelencia.

El tercer consejo era muy particular para él. Pero quiero dejarle un último. Sirva con pasión. La pasión que viene de adentro es la que verdaderamente necesitamos. Esa pasión que viene de saber que soy salvo, que no merezco perdón, que Dios me amó en Jesús, que mi vida vale porque Él lo dice, que soy su hijo, que me espera la gloria eterna.

El que sirve con pasión a Dios, lo sirve bajo el liderazgo de cualquier líder. Lo inspiren o no, el apasionado, sirve con pasión. Lo feliciten o no, el apasionado sirve con pasión. Necesitamos llegar a nuestras congregaciones y en todo tiempo y lugar, servir con pasión. Y la pasión nace de adentro.

Muchos llegan a la iglesia a servir esperando porras, que nuestras porras vengan del cielo. Del Creador que nos ama, de la gran nube de testigos que nos rodea desde el cielo y nos ve correr esta carrera. Que el sufrimiento y la fidelidad de Job nos inspiren, que la muerte de un Esteban que vio la gloria de Dios nos lleva a darlo todo por el Todo. Cuando la motivación viene de adentro, nada nos detendrá.


Nadie motivó a Pablo y a Silas cuando estaban en el calabozo. Sino la fe en el Dios vivo y que les había alcanzado en Jesús. Tan convencido estaba el apóstol Pablo, que ningún sufrimiento o prueba le detuvo. Tanto así que exclamó: “Para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia”. De la misma manera debemos vivir nosotros.

Sirvamos a Dios en todo tiempo y lugar. Consagremos nuestra vida a él. Capacitémonos en el estudio de su Palabra y en todas las áreas de nuestra vida. Y sirvamos con pasión en todo tiempo y lugar. Esto es dentro y fuera de la congregación. Porque donde quiera que ando, sirvo o no sirvo a Dios. ¿Cómo le servirá?

“Pero, si a ustedes les parece mal servir al Señor, elijan ustedes mismos a quiénes van a servir: a los dioses que sirvieron sus antepasados al otro lado del río Éufrates, o a los dioses de los amorreos, en cuya tierra ustedes ahora habitan. Por mi parte, mi familia y yo serviremos al Señor».” La Biblia en Josué 24:15

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Los Kaibiles, son la fuerza élite del Ejército de Guatemala. Ellos tienen un lema: “Si avanzo sígueme, si me detengo aprémiame, si retrocedo mátame”.

La valentía de un guerrero está en seguir avanzando. Incluso, continuar avanzando si esto implica el dar la vida por su equipo o por cumplir su misión.

Hemos escuchado dichos como: “Para atrás, ni para agarrar impulso”. Siempre la mentalidad está en que la victoria, consiste en seguir avanzando y sin importar qué enemigo se nos presente por delante.

Bíblicamente, hay un momento en la vida, en donde la valentía no consiste en proseguir. Tampoco consiste en detenernos y sentarnos a contemplar el panorama, consiste en huir.

Huir para muchos es muestra de cobardía. Pero el cristiano es llamado a “cobardía” sólo en una situación y es, ante la tentación.

Hemos escuchado decir: “De rodillas, sólo ante Dios”. Y qué tan cierto es, pero si nos quedamos frente a la tentación, esta nos noqueará. No somos llamados a luchar contra sino a huir de la tentación.

Y es que, la tentación es poderosa. Es más, la mayoría de veces, esta no viene de afuera. Es como el caballo de Troya, habita en nuestro corazón desde nuestro nacimiento. Mi yo carnal, es mi peor enemigo.

Nuestros propios malos deseos son los que nos seducen y arrastran. Somos como el pez, pero el anzuelo está en nuestro corazón, tiende hacia el mal. El pez es seducido por una carnada, la tentación opera siempre con una carnada y es, la invitación al mal. Una vez el pez muerde el anzuelo, es arrastrado. Lo mismo ocurre, cuando cedemos a la tentación somos arrastrados al a desobediencia y esta, da a luz vergüenza, miedo y muerte.

Huir para muchos es muestra de cobardía. Pero el cristiano es llamado a “cobardía” sólo en una situación y es, ante la tentación. Clic para tuitear

Esta invitación hacia el mal, es el menú más amplio que alguien pudo haber conocido. La tentación es distinta para todos nosotros, se viste de muchos tipos de platos con manjares atractivos diseñados para cada quien en particular.

Así como algunos sienten que se mueren ante el olor de la carne asada, hay quienes su debilidad es la comida frita. Para una amiga, su debilidad es el brócoli cocido ¡Vaya qué debilidad!

Un amigo fue atraído por la tentación de jugar en los Casinos. Ni siquiera había terminado el mes y ya se había gastado el dinero del salario que ni había recibido y todo, por apostar. La tentación se viste de mil maneras y siempre busca engañarnos.

La tentación busca decirnos: “Podés dominar este deseo. Tranquilo. Vas a poder”. El propósito es claro, que nos acerquemos a la tentación y el que se acerca a la tentación, siempre cae.

La tentación siempre es una invitación al mal. Y como dice una amiga: “La mejor arma contra la tentación, son las piernas”. Somos llamados a huir de la tentación.

Quien huye de la tentación, permanece firme. Quien se acerca a la tentación, cae.

¿De qué personas, lugares, cosas o situaciones debe huir para estar firme delante de Dios viviendo en santidad?

¿Qué escucho?, ¿Qué hablo?, ¿Qué leo?, ¿Con quiénes me junto?, ¿Qué lugares frecuento?, ¿Cómo uso la tecnología? Alejarnos es vital para vivir en santidad y la santidad nos da lo que el dinero no puede comprar, paz con Dios y paz con nuestro prójimo.

“Pero el que me obedezca vivirá tranquilo, sosegado y sin temor del mal».” La Biblia Proverbios 1:33


Huir ante la tentación, es de valientes. José, en el libro de Génesis capítulo 39, huyó cuando la esposa de Potifar, estando solos en la casa, lo tomó de su ropa y le pidió que tuviera relaciones sexuales con ella. José no se puso a orar, no se puso a platicar y a aconsejarla, José huyó. ¿Queremos estar firmes? Huyamos, ya y sin pensarlo.

“Huye de las malas pasiones de la juventud, y esmérate en seguir la justicia, la fe, el amor y la paz, junto con los que invocan al Señor con un corazón limpio.” La Biblia en 2 Timoteo 2:22

La próxima vez que enfrente la tentación, producto de sus malos deseos quienes desean seducirlo y arrastrarlo al pecado, huya. Si es un pensamiento, piense como el apóstol Pablo enseñó, quien dijo que sólo debemos pensar en lo que es excelente o merezca elogio. Porque el que se acerca cae. Pero el que huye, permanece firme.

Y si un día cae, no es para quedarse tirado revolcándose en el lodo del pecado. Sino para arrepentirse y poner la fe en el Intercesor y abogado que tenemos en el cielo en Jesús. A través de su sacrificio en la cruz. El que se arrepiente de sus pecados y pone su fe en Jesús para salvación, es perdonado por la obra de Cristo, alcanza misericordia.

“Mis queridos hijos, les escribo estas cosas para que no pequen. Pero, si alguno peca, tenemos ante el Padre a un intercesor, a Jesucristo, el Justo.” La Biblia en 1 de Juan 2:1

Ante la tentación un buen lema sería: Si avanzo grítame, si me detengo llámame, si retrocedo acompáñame…

¿De qué huirá a partir de hoy?

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