49 años: ¿Qué haría si volviera a nacer?

agosto 27, 2025

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El tiempo vuela y hoy cumplo 49 años de estar en esta tierra. Realmente suena increíble y parece increíble. Suena así, porque sigo sintiéndome igual que cuando era un niño, aunque ya no me parezca físicamente a ese niño. Si volviera a nacer ¿Qué haría? Escribí estos 49 pensamientos de corrido y no en orden de importancia.

  1. Disfrutaría más.
  2. Tendría más amigos a quienes doy, pero también me dan.
  3. Sería más vulnerable.
  4. Encontraría más rápidamente mentores para todo.
  5. Pensaría menos en el mañana y disfrutaría más el hoy.
  6. Cuidaría lo que me hablo.
  7. Buscaría que no el miedo, sino el desafío, fuera más mi inspiración.
  8. Me hablaría palabras de afirmación, amor y esperanza.
  9. Me hablaría las promesas de Dios en su Palabra.
  10. Confrontaría con lógica lo que pienso en mi mente sobre mí, porque mucho de lo que pensé sobre mí y que dictó mi vida, eran exageraciones o mentiras.
  11. Amaría a mi prójimo más intensamente.
  12. Me repetiría diariamente las promesas de Dios en la Biblia: soy hijo, soy amado, soy perdonado, tengo promesa de vida eterna, tengo un espíritu de poder, amor y dominio propio y repetiría cuántas promesas más hay en la Escritura.
  13. Cuando de trabajo se habla, volvería a trabajar como animal. Pero cuando de descanso se habla, también descansaría como animal. Un constante balance entre esfuerzo y reposo.
  14. Pensaría menos en el futuro y disfrutaría más el ahora, sin dejar de visitar el futuro para prever lo que debo hacer, pero accionando con paz en el hoy.
  15. Jamás volvería al pasado sino para aprender de mis errores, para ver de dónde vengo y lo que Dios ha hecho en mí.
  16. Descansaría más en Dios y menos en mis fuerzas.
  17. No me enfocaría en buscar ser perfecto porque no se puede más que vivir en constante frustración y derrota, sino que sería un imperfecto que descansa en las manos de Dios.
  18. Viviría enfocado en agradar a Dios y en amar a otros. No dejando que mi mente se contamine con los deseos de este mundo.
  19. Pensaría antes de actuar y por escrito, en las consecuencias de mis acciones.
  20. No me dejaría llevar por las apariencias hasta comprobar qué verdaderamente hay detrás.
  21. Evaluaría más a la gente demasiado encantadora, demasiado cae bien o demasiado atenta. Para ver si lo que se ve, es lo que hay detrás o si tienen intenciones torcidas. Hay gente que hace las tres cosas y es sana y hay gente que las hace y no lo son.
  22. Identificaría rápidamente a las personas tóxicas y egocéntricas y saldría huyendo.
  23. Sería más paciente y difícil de ser provocado a enojo por otros.
  24. Practicaría el dominio propio en todas las áreas de mi vida, sin dejar algunas sin una muralla de disciplina que las proteja.
  25. Hablaría de mis dolores y heridas con personas espirituales, profesionales y confidentes abiertamente desde el principio.
  26. Me recordaría que sólo la acción cambia el futuro. Y, que todo pensamiento que sólo describe el hoy, pero que no incluye un plan de acción, no sirve para nada. Más que para hacerme improductivo, inactivo o para caer en el descontrol.
  27. Tendría más amigos fuera del trabajo, porque la mayoría de personas en el trabajo no son amigos, son compañeros de trabajo. Algunos trascienden a una amistad pura. Pero la mayoría, son sólo compañeros de trabajo. Y, cuando el trabajo se acaba, esas relaciones se acaban.
  28. Tendría más valor para tomar decisiones “de muerte” más rápidamente, cuando “la muerte” va a traer vida en mi vida.
  29. No me acercaría para nada a esos pecados que una vez cometidos, esclavizan.
  30. Practicaría el amor propio. Me vería siempre a través de los ojos de Dios.
  31. Practicaría rutinariamente el auto cuidado de mi cuerpo, de mi mente y de mi espíritu.
  32. Buscaría el éxito en tres niveles: en el ser, en el hacer y en el tener.
  33. Leería más la Biblia a través de los ojos de Jesús, el Cristo prometido, quien es la llave para entender la Escritura.
  34. Planificaría mi semana en base a mis roles personales, empresariales e individuales en base a lo importante y no urgente.
  35. Leería menos libros en mis vacaciones y compartiría más.
  36. Contrataría a más personas o delegaría más cosas, para no viajar nunca más con una computadora para trabajar mientras mi familia descansa.
  37. Me aislaría menos cuando estoy mal y buscaría mi círculo seguro para abrir mi corazón.
  38. Buscaría un amigo que se vuelva como hermano, que llame y yo llame sólo porque sí. Que yo esté para él y él para otros.
  39. Tendría más carácter para mantenerme firme en decisiones de las que tomé y me hice para atrás que me hubieran ahorrado mucho dolor por no tener el valor para mantenerlas, ceder y no conocer mi valor.
  40. Sería un mejor papá con mis cuatro hijos. Me dedicaría más a amarlos y menos a formarlos. Los cubriría con más gracia, que con castigo. Y, mucho de lo que escribí arriba, me haría un mejor papá evitando los errores que cometí, las veces que los herí, las veces que me humillé y les pedí perdón.
  41. Estudiaría además de Administración a nivel de Licenciatura y Maestría, Psicología.
  42. No me retraería de mostrar lo sensible que soy al llorar cada vez que veo la compasión en acción, el dolor del prójimo, la música que me conmueve, al expresar lo que siento por los que amo y al cantarle a mi Dios.
  43. Daría más palabras de afirmación y felicitación por todo lo bueno que vea. Porque si la afirmación y la felicitación fueran agua, el mundo ya hubiera muerto de sed.
  44. No sería el payaso que en ocasiones fui en el pasado en algunas situaciones que merecían formalidad.
  45. No tendría miedo de perder para ganar. En Dios todo va a estar bien.
  46. Estudiaría canto y cantaría más para mí antes que para otros.
  47. Invitaría a comer más a extraños que no tienen dinero y compartiría más con ellos.
  48. Sería más generoso con aquellas personas que sólo pueden devolver un gracias.
  49. Pediría más ayuda y haría menos cosas solo.

Pero como no puedo nacer de nuevo y cambiar las partes de mi historia que no me gustan y detesto desde cero, sólo puedo aferrarme a la promesa del evangelio. Esa promesa que Jesús murió por mis pecados, que su justicia me fue otorgada gratuitamente por la fe en Jesucristo y él me llama santo, que Dios me lavó y purificó de todos mis desagradables pecados, que soy amado no por lo que hago sino por lo que Cristo hizo en la cruz, que soy llamado a amarle sabiendo que ya estoy seguro en él, que él me dará la fuerza para enfrentar todas las consecuencias terrenales de mis pecados mientras me concede el gozo de continuar viviendo en él y que las palabras que deben importarme y sostenerme son las del cielo, porque sólo él me ve plenamente con ojos de amor, porque sólo él puede perdonarme y olvidar completamente mis pecados.

Y, usted. Como tampoco puede volverá a nacer de nuevo ¿A qué se aferrará? Y, ¿Qué hará?

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