El cuaderno que hace milagros

septiembre 15, 2009

Desempolve las matemáticas en su vida y haga algunos cálculos en base a las siguientes preguntas:

  1. ¿Cuántos años llevo de ser cristiano?
  2. ¿Cuántas prédicas escucho por año? Tome en cuenta los domingos, miércoles, célula, radio, TV y otros.
  3. ¿Cuántas prédicas he escuchado a lo largo de mi vida cristiana?

Ahora retrocedamos sólo quince días y pregúntese:

  1. ¿Cuál fue el tema que predicó mi pastor hace dos semanas?
  2. ¿Puedo recordar el pasaje bíblico que utilizó? ¿Libro, capítulo y versículos?
  3. ¿Qué aprendí o cambié en mi vida por ese mensaje?

Si no puede recordar la prédica de hace 2 semanas, ¿podrá recordar las prédicas anteriores? Se puede imaginar a un alumno de primer semestre de Ingeniería Civil llegando a la clase de Matemática I, sin ningún cuaderno ni lapicero en mano. Si usted fuera el catedrático diría: «a este joven no le irá bien, porque no va a recordar prácticamente nada de lo que voy a enseñar hoy». Además agréguele a esta clase sin tomar notas, 50 clases más durante el semestre  y ¿qué tenemos?

Quiero proponerle que de ahora en adelante llegue a la iglesia destinado a aprender. Vaya como cuando asiste a un seminario o a la universidad. Lleve su libro de texto (la Biblia), su cuaderno de notas y un lapicero. Anote la fecha, el nombre del predicador y el tema. No anote  todo lo que diga el predicador, pero sí las ideas principales del mensaje, las citas bíblicas, ejemplos que pueda utilizar para compartir su fe con sus amigos no cristianos y al finalizar pregúntese y anote su respuesta a ¿Qué voy a cambiar en mi vida a partir de este mensaje? ¿Qué voy a empezar a hacer? ¿Qué voy a dejar de hacer?

Cada semana, aparte un tiempo para meditar sobre sus anotaciones. Lea de nuevo los pasajes bíblicos, agregue sus propios comentarios o ilustraciones. Si usted hace esto, habrá conocido al cuaderno que hace milagros y aún décadas después podrá recordar no uno sino todos los mensajes que ha escuchado.

Entonces no será un oidor olvidadizo como leemos en el libro de Santiago «No se contenten sólo con escuchar la palabra, pues así se engañan ustedes mismos. Llévenla a la práctica.23 El que escucha la palabra pero no la pone en práctica es como el que se mira el rostro en un espejo24 y, después de mirarse, se va y se olvida en seguida de cómo es.25 Pero quien se fija atentamente en la ley perfecta que da libertad, y persevera en ella, no olvidando lo que ha oído sino haciéndolo, recibirá bendición al practicarla.» Santigo 1:22-25 NVI

Porque como dice uno de mis Catapultazos: «El que no anota, no anota».

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