Excelente partido de la final de la Champions 2017 en donde el Real Madrid le ganó 4 a 1 a La Juventus.
Como es de esperarse del equipo ganador, la celebración fue inmediata, tanto en el campo como en los graderíos.
Pero me llamó la atención que luego del pitazo final, que dictaba la sentencia de derrota de La Juventus, sus jugadores no se tiraron a la gramilla a llorar.
Algunos en medio de la tristeza que una derrota de este nivel significa, incluso hacían ocasionalmente un chiste y momentáneamente se les esbozaba una sonrisa en su rostro.
Al momento de la premiación, muy pocos se quitaron la medalla de segundo lugar. Y Gianluigi Buffon, el famoso portero y más caro de la historia y que pierde por segunda vez una final de la Champions, no sólo no se quitó la medalla sino que se quedó en el campo hasta el final de la premiación, mientras veía la celebración y la premiación de aquellos que los derrotaron. Eso es altura de futbolista.
Y esta es la lección que me deja la final de la Champions 2017: El que gana celebra, el que pierde piensa…
El que gana, escucha el silbato y ¡pum! En modo automática a celebrar. Sólo grita: ¡Ganamos! No hay más que pensar, pensamiento de victoria, celebración automática de victoria.
Por el contrario el que pierde piensa. Piensa en mil y una cosas y de lo que piense depende su reacción. Y aquí está la clave o el clavo. ¿Por qué entonces unos jugadores se tiran al suelo y lloran como si su familia completa hubiera desaparecido de la faz de la tierra? Y por el contrario, ¿Otros que también pierden como los jugadores de La Juventus, se entristecen aunque no lloran, no se les ve un semblante de victoria, pero continúan con la frente en alto y con esperanza?
El que gana celebra, el que pierde piensa… ¿Qué pensemos en la derrota? Esa es la clave…
Me atrevo a pensar que la mayoría de jugadores de La Juventus, aceptaron inmediatamente la derrota. No se pusieron felices, pero aceptaron la derrota. Entendieron que lo dieron todo, pero que el otro equipo fue mejor. “Vendrá otra oportunidad y aún si no llegara, llegamos hasta aquí” pudo ser algo de lo que se dijeron con quien más hablamos, con nosotros mismos y en nuestra cabeza. ¿Qué pensemos en la derrota? Esa es la clave…
Los cristianos entendemos que hay que perder para ganar… De hecho este fue el tema que me tocó predicar la semana pasada en La Fráter. Le animo a verlo dando click aquí. Porque aquel que cree que puede ganar con sus obras o fuerzas el perdón de Dios, ya está perdido. Es en el reconocimiento de la derrota individual, como pecadores y ante un Dios justo y santo que castiga el pecado, en donde el Dios justo puede convertirse a la vez en el que justifica al pecador, por medio de la sustitución del castigo de Jesús en la cruz, el único justo que pudo guardar su ley y ser santo.
Recuerde: El que gana celebra, el que pierde piensa… ¿Qué pensemos en la derrota? Esa es la clave… Y el que cree que ante Dios gana por sus obras, su fuerza o sabiduría, ya está perdido.
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